por Leonardo Peluso – Periodista
El fútbol argentino tendrá definiciones en las dos máximas categorías con un extraño formato de octogonal de 17 participantes y de final de 3. Es que tanto en la Liga Profesional, donde se cierra el Clausura, como en la B Nacional, donde se juega el segundo ascenso a Primera, la AFA en combinación con el Colegio de Árbitros, hizo entrar en el cuadro y los cruces a un equipo que juega y mucho en el último tiempo: el equipo de la sospecha. Si bien hace rato que está participando de los dos torneos, en lo que viene, su presencia ya tiene asegurada la plaza en todos los partidos.
El tema Barracas Central y el tema Puerto Madryn son dos casos muy elocuentes de este asunto que, más allá del juego de palabras y la ironía del “Wild Card”, está erosionando la credibilidad del fútbol argentino. El reciente escándalo entre Huracán y Barracas y los incidentes casi de fútbol callejero entre Morón y Madryn, son marcas de agua para esa foto que en algún momento las autoridades deberían hacer papel picado. Que en cada partido haya un tercer equipo, el mencionado de la sospecha, ya tendría que dejar de ser parte del folclore para abordarse como un problema grave.
La realidad a veces no es tan interpretativa y es imposible no pensar en la combinación Grondona/Arsenal de otros tiempos como la actual de Tapia/Barracas. De ese cajón puede salir cualquier cosa y ya no va a importar si es verdad o mentira. Porque nadie va a creer que el error es un error y que la tecnología del VAR es imperturbable. Por el contrario, todo va a estar envuelto con el mismo papel de la corrupción y los favores y al final lo que termina pasando es que nadie gana.
La buena vida que tiene la AFA desde que Messi y los suyos triunfan tiene un río revuelto corriendo por debajo de esa alfombra roja y, como en la vida nada dura para siempre, alguien debería ocuparse de ese asunto cada vez menos subterráneo. La razón es muy evidente y nace de un mismo fenómeno: el fútbol argentino vive de la pasión que generan los equipos y los hinchas primero aman sus camisetas. Hay unas pintadas en las calles de Morón que estropean la mística del Dibu y Messi, por ejemplo, y que son un aviso.
Este fin de semana empiezan las definiciones y la AFA tendrá que hacer el supremo esfuerzo de ser y parecer; una sin la otra no alcanza. Ya deja de ser folclore y chiste esa idea de que en este país y en el fútbol le mordemos el cuello al vampiro, hacemos asado bajo el agua o que somos ortodoncistas de tiburones. A este paso la viveza será primero parodia y después tragedia.