la CGT entra en “modo receso” y posterga el plan de lucha

Tras la movilización del 18 de diciembre y la decisión del Gobierno de postergar el debate legislativo de la reforma laboral para febrero de 2026, la central obrera bajó la intensidad de sus medidas de fuerza.

Arguello, Jerónimo y Sola, los triunviros de la CGT. (Foto: Archivo NA) (Foto: Archivo NA)

La Confederación General del Trabajo (CGT) ha decidido entrar en un compás de espera. La imagen de las calles colmadas durante la última marcha en Plaza de Mayo parece haberle dado a la dirigencia el aire suficiente para negociar una tregua temporal con el calendario. Con el Congreso entrando en su receso estival y el debate por la “Ley de Modernización Laboral” oficialmente movido a las sesiones extraordinarias de febrero, el triunvirato de mando optó por desactivar cualquier medida de fuerza inmediata, priorizando la reorganización de sus cuadros.

Desde la cúpula de Azopardo, el mensaje es de victoria táctica. Los dirigentes sostienen que la presión callejera y el lobby parlamentario fueron los factores que obligaron al Ejecutivo a frenar el tratamiento del proyecto, que incluye puntos altamente sensibles como la reducción de aportes patronales y el nuevo sistema de indemnizaciones. Sin embargo, para los analistas políticos, este “modo receso” también responde a una necesidad de contención interna: la central obrera se encuentra en una encrucijada entre los sectores más combativos, que exigen un paro general de inmediato, y los gremios dialoguistas que prefieren agotar las instancias de negociación.

Un dato que la transparencia informativa no puede ignorar es la “trampa del voto propio”. Los jefes sindicales son conscientes de que una parte considerable de sus bases apoyó la propuesta de cambio del Gobierno, lo que debilita la contencia de cualquier huelga nacional en el corto plazo. En este contexto, la estrategia cegetista para enero consistirá en “ganar tiempo” y trabajar en la judicialización de los artículos que consideran inconstitucionales, como el que limita la recaudación de la cuota sindical o el que busca reglamentar el derecho a huelga en servicios esenciales.

El panorama para el febrero de 2026 se perfila como uno de los más calientes de la última década. El Gobierno, lejos de retroceder, utilizará el verano para intentar seducir a gobernadores y legisladores “del medio”, buscando los votos que hoy le faltan en el Senado. Mientras tanto, la CGT deberá demostrar si este receso fue un descanso necesario para acumular fuerzas o si, por el contrario, ha servido para que el ímpetu de la protesta se diluya bajo el sol de enero.

En definitiva, la reforma laboral ha entrado en un interludio político. Entre el brindis de fin de año y las vacaciones de la militancia, la moneda sigue en el aire. La central obrera sabe que la verdadera batalla comenzará cuando se abran nuevamente las puertas del Congreso, donde se definirá si las nuevas reglas del trabajo en Argentina nacen de un consenso social o de una imposición legislativa que marcará el pulso de todo el 2026.

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