Para Mendoza, el hábito de leer 140 libros anuales no es un superpoder, sino una cuestión de prioridades y organización del tiempo. El influencer sostiene que el estigma sobre los jóvenes y las pantallas es una simplificación: el problema es estructural. “Vivimos en una sociedad que premia la inmediatez y el consumo rápido, lo que atenta contra la pausa que requiere un libro”, afirma, señalando que la falta de lectura es un fenómeno transgeneracional que afecta tanto a adultos como a adolescentes por igual.
Su contenido en redes no busca la crítica literaria académica, sino la democratización del acceso al libro. A través de recomendaciones dinámicas y desafíos de lectura, ha logrado construir una comunidad que ve en el papel un refugio contra la ansiedad digital. Según el influencer, el secreto para recuperar el hábito no es leer clásicos por obligación, sino encontrar aquello que realmente nos apasione, rompiendo con la idea de que la lectura debe ser siempre una actividad solemne o difícil.
Desde una mirada cultural, el fenómeno de los “bookfluencers” como Mendoza representa una nueva forma de mediación. Para el público adulto, sus palabras invitan a una reflexión sobre el tiempo libre: la lectura requiere un esfuerzo consciente por desconectarse del ruido informativo. Al final del día, el mensaje es claro: si queremos una sociedad que lea más, debemos generar espacios de silencio y curiosidad, entendiendo que el libro sigue siendo la tecnología más avanzada para comprender el mundo.
Mendoza concluye que la lectura es un acto de resistencia en un mundo que nos quiere siempre distraídos. Su meta no es que todos lean 140 títulos, sino que cada persona redescubra el placer de perderse en una historia. En sus palabras, no se trata de cuántas páginas pasamos, sino de cuántas ideas logran quedarse con nosotros para transformar nuestra mirada sobre la realidad cotidiana.