La fragilidad del sistema eléctrico argentino ha vuelto a quedar expuesta en una de las jornadas más sofocantes del verano. Este jueves, un apagón masivo afectó a sectores clave del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), impactando principalmente en barrios porteños como Palermo, Recoleta, Belgrano, Núñez y Villa Urquiza, así como en el partido de Vicente López. El corte, que se produjo en el pico de demanda por las altas temperaturas, no solo dejó a miles de hogares a oscuras, sino que provocó un caos vehicular inmediato debido a la salida de servicio de semáforos en arterias críticas como la Avenida del Libertador.
La situación se ve agravada por una falla en los canales de comunicación oficiales. Al momento de redactar esta nota, el sitio web del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) se encuentra fuera de línea, lo que impide a los usuarios verificar el estado de la red o conocer el tiempo estimado de reposición del servicio. Esta falta de transparencia institucional genera una incertidumbre adicional en una población que ya enfrenta las dificultades propias de una ola de calor extrema, donde el funcionamiento de equipos de refrigeración no es un lujo, sino una necesidad de salud pública para adultos mayores y niños.
Desde la empresa Edenor, responsable de la zona afectada, aún no se ha emitido un comunicado detallado sobre el origen de la falla. Sin embargo, fuentes del sector sugieren que el colapso se habría originado por una sobrecarga en subestaciones de media tensión, incapaces de soportar el consumo simultáneo en un contexto de temperaturas sostenidas por encima de los 35 grados. Este escenario reaviva el debate sobre la falta de inversión en mantenimiento y la resiliencia de la red ante eventos climáticos que, lejos de ser excepcionales, se han vuelto la norma de la temporada estival.