La relación entre la Casa Rosada y el Fondo Monetario Internacional (FMI) atraviesa una de sus fases más pragmáticas. Desde Washington, la vocera del organismo, Julie Kozack, ratificó que en febrero se llevará a cabo la revisión correspondiente al cierre de 2025. Aunque los exámenes del Fondo suelen ser momentos de alta tensión política en la Argentina, esta vez el escenario parece despejado: el organismo celebró públicamente el ritmo de acumulación de divisas y la disciplina en las cuentas públicas, señales que el mercado interpreta como un guiño hacia un posible nuevo acuerdo o la flexibilización de desembolsos futuros.
El foco de la revisión estará puesto en la sostenibilidad del ajuste. Si bien el FMI reconoció que el Banco Central ha logrado captar dólares a una velocidad superior a la proyectada, también persisten interrogantes sobre el impacto de la recesión en la recaudación tributaria. Para los técnicos del organismo, la clave de 2026 será la transición hacia un modelo que permita levantar las restricciones cambiarias sin desestabilizar la balanza de pagos. En este sentido, Kozack enfatizó que la acumulación de reservas es la “red de seguridad” necesaria para enfrentar la volatilidad global y el pago de vencimientos inminentes.
Desde el Ministerio de Economía, el mensaje es de optimismo moderado. El Palacio Hacienda confía en que el cumplimiento de la meta de superávit primario será el principal argumento para negociar mejores condiciones. El Gobierno sostiene que el orden fiscal no es solo una exigencia externa, sino una convicción propia para anclar las expectativas inflacionarias. No obstante, el FMI también observa con atención la situación social, sugiriendo que la viabilidad del programa a largo plazo depende de que el costo del ajuste no erosione la paz social en un año que se proyecta políticamente intenso.
La visita de febrero será también la oportunidad para discutir el rol del financiamiento multilateral en el esquema de la administración de Javier Milei. Con el riesgo país en niveles que aún dificultan el regreso a los mercados voluntarios de crédito, el apoyo del Fondo sigue siendo el único puente financiero de magnitud. La acumulación de reservas, que el FMI calificó de “acelerada”, es el dato que el Gobierno lleva como trofeo a la mesa de negociación, buscando demostrar que el país tiene capacidad de pago y que el rumbo económico es irreversible.
El desafío para la Argentina será transformar estos elogios diplomáticos en beneficios concretos, como la reducción de sobrecargos o el acceso a fondos frescos para el Banco Central. Mientras tanto, el organismo mantiene su postura de “vigilancia constructiva”, monitoreando cada variable de una economía que, aunque muestra signos de ordenamiento macroeconómico, aún debe probar su resiliencia ante el ciclo político. La revisión de febrero no será un trámite más; será el test de confianza definitivo para el programa económico argentino ante el mundo.