La transición venezolana ha dejado de ser una disputa interna para convertirse en un proceso administrado directamente desde la Oficina Oval. Este jueves, Donald Trump recibe a María Corina Machado en un encuentro a puertas cerradas que busca unificar criterios sobre la reconstrucción institucional. Sin embargo, la reunión se produce bajo una sombra de realismo político: el mandatario estadounidense ha mantenido en paralelo negociaciones con Delcy Rodríguez, priorizando la continuidad operativa de la industria petrolera por sobre las formalidades diplomáticas de la oposición.
El control de los recursos estratégicos es el pilar sobre el cual se asienta la influencia de los Estados Unidos. El Departamento de Defensa ya ha ejecutado las primeras ventas de crudo venezolano por un valor de 500 millones de dólares, fondos que permanecen bajo custodia en bancos supervisados por Washington. La vigilancia militar no cede; la confiscación del petrolero “Verónica” en aguas del Caribe por parte de la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear reafirma que ninguna gota de petróleo saldrá de los puertos venezolanos sin el visto bueno del Tesoro norteamericano.
En el terreno social, la euforia por el cambio de régimen ha dado paso a una tensa espera. La ONG Foro Penal reporta que, a pesar de las promesas de amnistía general, solo se han confirmado 84 excarcelaciones de las más de mil que se esperaban tras el colapso del chavismo. Las familias apostadas frente a las cárceles de El Helicoide y El Rodeo I denuncian que el proceso es “a cuentagotas” y que el actual gobierno interino utiliza estas salidas como moneda de cambio publicitaria, mientras los centros de detención aún albergan a cientos de ciudadanos bajo condiciones inciertas.
El conflicto también ha dejado cicatrices internacionales que comienzan a salir a la luz. Cuba ha recibido en las últimas horas los féretros de 32 militares fallecidos durante la incursión estadounidense en Caracas el pasado 3 de enero. Este reconocimiento oficial por parte de La Habana no solo confirma la resistencia que ofrecieron las fuerzas cubanas para proteger a Maduro, sino que marca el fin definitivo de la influencia de la isla sobre el aparato de seguridad venezolano, ahora bajo la órbita de inteligencia de los Estados Unidos.
El respaldo legislativo en Washington ha terminado de blindar la estrategia de Trump. Con el voto de desempate del vicepresidente JD Vance, el Senado bloqueó cualquier intento de limitar el uso de la fuerza militar en Venezuela. Con este cheque en blanco, el presidente llega al almuerzo con Machado con el control total de la narrativa y la fuerza. El mensaje para la región es inequívoco: la era de la mediación multilateral ha terminado, dando paso a una gestión directa y unilateral del destino venezolano.