La fisonomía de la Ciudad de Buenos Aires muestra signos de una crisis social que no logra ser contenida por los mecanismos de asistencia tradicionales. Según el relevamiento oficial difundido por la gestión de Jorge Macri, la cantidad de personas en situación de calle ha alcanzado niveles récord, reflejando un incremento preocupante en comparación con semestres anteriores.
El informe, elaborado por equipos del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, destaca que si bien el número de personas durmiendo directamente a la intemperie creció un 3%, el salto más alarmante se dio en la población que recurre a los Centros de Inclusión Social (CIS), los cuales registraron un aumento de demanda del 20%.
En términos nominales, las cifras son elocuentes: el censo contabilizó a 1.613 personas pernoctando en la vía pública y a 3.563 alojadas en paradores, sumando un total que supera los 5.000 ciudadanos en situación de vulnerabilidad extrema. Para las autoridades porteñas, este crecimiento se explica en gran medida por la expansión de la capacidad del sistema, que durante el último año incorporó diez nuevos centros y casi 5.000 plazas adicionales.
Sin embargo, para los analistas sociales, los datos no son más que el síntoma de un deterioro económico sostenido que empuja a familias enteras y adultos mayores fuera del mercado formal de vivienda.
La geografía del desamparo se concentra con fuerza en el área central y el cordón sur de la Ciudad. El informe señala que la mitad de las personas relevadas se ubican en las comunas 1 y 3, abarcando barrios como Constitución, Monserrat, Balvanera y San Cristóbal.
El perfil de quienes habitan la calle también arroja datos reveladores: el 80% tiene entre 19 y 59 años, lo que indica que se trata mayoritariamente de población en edad productiva que ha quedado marginada del sistema laboral. Además, un 8% corresponde a mayores de 60 años, un sector especialmente frágil frente a las inclemencias climáticas y la inseguridad urbana.
El relevamiento oficial también pone el foco en el origen de los censados. El 67,1% de las personas nació fuera de la Ciudad de Buenos Aires, lo que sugiere un flujo migratorio interno desde el conurbano y el interior del país hacia la Capital en busca de una red de asistencia más robusta. La realidad de 2026 impone un desafío ético y presupuestario: cómo evitar que la calle se convierta en el destino definitivo para miles de argentinos que viven sin hogar.