Moverse en transporte público en la Argentina de 2026 se ha convertido en un ejercicio de disparidad geográfica y económica. Según el último relevamiento de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), la crisis de los subsidios y las autonomías municipales han configurado un escenario donde el costo del viaje puede triplicarse según la coordenada. El dato más alarmante del informe indica que solo siete distritos en todo el territorio nacional logran mantener el boleto mínimo por debajo de la barrera de los mil pesos, mientras que la mayoría de las localidades ya transita la senda de los valores de cuatro cifras.
En la cima del ranking de los boletos más costosos se ubica Pinamar, con una tarifa de $2.625, seguida de cerca por San Martín de los Andes ($2.300) y Pergamino ($2.214). Estas cifras exponen el peso que el transporte tiene sobre el bolsillo de los trabajadores en el interior, donde los ajustes de enero han sido feroces: en ciudades como Resistencia y Sáenz Peña, los incrementos alcanzaron el 45% en un solo mes. Esta escalada no solo responde a la inflación, sino a la quita de transferencias nacionales que ha dejado a los municipios frente al dilema de aumentar el pasaje o declarar la emergencia en el servicio.
| Ciudad / Región | Precio del Boleto | Variación / Estado |
| Pinamar | $2.625 | El más caro del país |
| San Martín de los Andes | $2.300 | Alta montaña, alto costo |
| Bahía Blanca | $1.100 (promedio) | Aumento del 30,49% |
| AMBA (CABA) | $620 | Suba del 4,39% |
| La Rioja | $600 | El más barato (sin aumento) |
En la vereda opuesta, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) continúa ostentando las tarifas más bajas del país, con el tramo Nación en $494 y la Ciudad de Buenos Aires en $620. Fuera de la zona metropolitana, la resistencia a los aumentos es escasa: solo La Rioja ($600), el Partido de la Costa ($698) y Villa Mercedes ($790) logran mantenerse en niveles competitivos. Sin embargo, los analistas advierten que esta situación es frágil, ya que la mayoría de estos distritos no aplicaron subas en enero, lo que sugiere un retraso tarifario que podría estallar en el corto plazo.
La fragmentación del sistema de transporte plantea un desafío de equidad federal. Mientras un habitante del AMBA puede realizar varios viajes con el costo de un solo pasaje en el interior bonaerense o patagónico, la calidad del servicio suele ser inversamente proporcional al precio. La brecha no es solo numérica, sino que refleja dos realidades distintas sobre cómo el Estado gestiona la movilidad urbana. En un contexto de ajuste fiscal, la pregunta de fondo es cuánto tiempo más podrán estas “islas de bajo costo” sostener tarifas que parecen pertenecer a otro tiempo económico, frente a un interior que ya paga boletos de más de 2.000 pesos.