El arranque de 2026 parece traer un respiro moderado para el equipo económico. Tras el cierre de un diciembre complejo que marcó un 2,8% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), las mediciones privadas de las primeras tres semanas de enero detectaron una tendencia a la baja. Según el consenso de consultoras como Eco Go, Analytica y Libertad y Progreso, la dinámica de precios se ha estabilizado en niveles que no se veían desde octubre, proyectando un cierre mensual que podría ubicarse por debajo del 2,6%.
Esta moderación responde a un fenómeno de pinzas: por un lado, una desaceleración genuina en el rubro Alimentos y Bebidas, y por el otro, una decisión política de alto impacto. El Ministerio de Economía optó por postergar el nuevo esquema de subsidios a la energía (luz, gas y garrafas) que originalmente debía entrar en vigencia este mes, trasladando la presión de los servicios regulados hacia febrero. Esta maniobra técnica ha permitido enfriar el índice general, evitando que el arrastre estadístico de la suba del dólar a finales de 2025 se tradujera en un nuevo pico inflacionario.
En el detalle sectorial, la consultora LCG destacó que la inflación promedio de las últimas cuatro semanas en alimentos se mantuvo apenas por debajo del 1%, un hito tras cinco meses de registros superiores. No obstante, el comportamiento es heterogéneo: mientras productos lácteos y quesos mostraron subas de hasta el 4%, otros ítems como las carnes y aceites mostraron una mayor estabilidad. La dinámica semanal también fue a la baja, pasando de incrementos del 0,8% en la primera quincena a un 0,6% en la tercera semana de enero.
A pesar de este escenario de “alivio”, el mercado mantiene una mirada cautelosa. Si bien el ministro Luis Caputo celebra estos números como una ratificación del ancla fiscal, las proyecciones anuales aún difieren drásticamente de las metas oficiales. Mientras el Gobierno aspira a una inflación del 10,1% para todo 2026, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central sitúa el horizonte anual cerca del 20%. La clave de los próximos meses será la capacidad del Ejecutivo para gestionar el ajuste de tarifas pendientes sin quebrar este incipiente sendero de desinflación.
De confirmarse los pronósticos, enero cortaría una racha de aceleración sostenida. Sin embargo, el desafío de perforar el piso del 2% mensual sigue siendo el principal desvelo de la gestión económica, en un año donde la remonetización y el crecimiento del PBI proyectado en un 3,5% exigirán una sintonía fina entre la oferta monetaria y la confianza del consumidor.