Nicaragua frenó el éxodo cubano

Nicaragua eliminó el libre visado para cubanos, clausurando la principal ruta migratoria hacia Estados Unidos. La medida busca apaciguar a la administración Trump tras la caída de aliados regionales, mientras el régimen de Ortega intenta evitar sanciones endureciendo sus controles fronterizos.

Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua

Bajo la sombra de la nueva administración Trump, el gobierno nicaragüense decidió clausurar el corredor migratorio que permitía a los ciudadanos de Cuba ingresar al país sin restricciones consulares. La medida, que modifica el estatus de los viajeros isleños a la categoría de “visa consultada”, termina con cuatro años de una política de puertas abiertas que había convertido a Managua en el puente principal para quienes buscaban alcanzar la frontera de Estados Unidos. Esta rectificación diplomática se interpreta como un gesto de supervivencia del binomio Ortega-Murillo para evitar confrontaciones directas con la Casa Blanca y el secretario de Estado, Marco Rubio, especialmente tras el colapso de sus aliados regionales. Mientras Washington intensifica su vigilancia sobre Rosario Murillo, el régimen sandinista opta por el silencio frente a las críticas habituales hacia el “imperialismo” y endurece los controles fronterizos, desmantelando así el trampolín aéreo que utilizaban miles de migrantes en medio de la asfixiante crisis energética y social que padece la isla.

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