La Argentina se ha convertido en el epicentro global del malestar psicológico. Según el reciente informe de Statista Consumer Insights, el 49% de los adultos argentinos reportó haber sufrido episodios frecuentes de estrés y ansiedad en el último año, superando a países como Finlandia (45%), Canadá (42%) y Estados Unidos (39%).
En una entrevista con Infobae a las 9, la doctora Laura Maffei (MN 62.441) analizó este fenómeno y advirtió que el problema reside en la incapacidad del sistema para “bajar” los niveles de alerta. “La reacción de estrés es una herramienta evolutiva para sobrevivir, el problema es el estrés crónico. Si el cortisol queda elevado permanentemente, aparecen la desmotivación, la depresión, la hipertensión y los problemas musculares”, señaló la especialista.
El factor “CINE” y los grupos de riesgo
Maffei utilizó la sigla CINE para explicar por qué el contexto argentino es tan disparador de malestar: Control, Imprevisibilidad, Novedad y Ego. La falta de certezas sobre el futuro y los cambios constantes en el entorno impactan directamente en la salud endocrinológica de la población.
Aunque se suele asociar el estrés a la vida laboral activa, la médica destacó datos preocupantes sobre otros grupos:
Adultos mayores: Son el grupo más vulnerable debido a que su cerebro es más sensible al cortisol y suelen tener menos herramientas de gestión.
Niños: Hasta los 12 años, los chicos absorben e incorporan el estrés parental de manera significativa.
Tecnología: El celular fue calificado como un “alto estresor”, especialmente por el impacto de las redes sociales en los jóvenes.
Herramientas para la gestión emocional
La experta fue enfática en que no se trata de eliminar el estrés —vital para la adaptación— sino de aprender a gestionarlo mediante acciones sensoriales y sociales:
Activación del nervio vago: Realizar respiración abdominal para forzar el descenso del cortisol.
Conexión social: Fomentar reuniones con amigos y actos de ayuda al prójimo para “salir del ego”.
Descarga física: Caminatas, rutinas de movimiento y contacto con la naturaleza (observar el entorno, conectar con el presente).
Higiene de vida: Reducir el consumo de sal y establecer momentos de desconexión digital.
“Hay que poner en marcha todo lo sensorial: sentir el clima, mirar las hojas, conectar con el hoy”, concluyó Maffei, subrayando que reconocer el momento en que “nos estamos pasando de vueltas” es el primer paso para preservar la salud física y mental.