Mirtha Legrand cumple 99: la diva que transformó un living en un tribunal

La “Chiquita” de Villa Cañás celebra hoy casi un siglo de vida. Actriz, leyenda y animal político, es la mujer que ostenta el poder de marcar la agenda nacional desde su mítica mesa.

Este 23 de febrero, la Argentina celebra un hito que desafía a la ciencia y a la historia: los 99 años de Mirtha Legrand. Nacida como Rosa María Juana Martínez Suárez en 1927, la diva llega a su casi centenario con una entereza sobrenatural, habiendo atravesado 30 gobiernos y 22 mundiales de fútbol. Pero más allá de las cifras de una longevidad prodigiosa, Mirtha celebra hoy su rol como la gran monarca de la opinión pública argentina, una posición que construyó con una mezcla de glamour, disciplina y un olfato político letal.

Su historia comenzó en la era dorada del cine, debutando junto a su gemela “Goldy” en 1940. Sin embargo, su verdadera metamorfosis ocurrió el 3 de junio de 1968, cuando Alejandro Romay le propuso un experimento: almorzar frente a las cámaras. Lo que parecía una excentricidad se convirtió en el programa más influyente de la televisión. Allí, Mirtha aprendió que el poder no solo se disputa en las urnas; se ejerce interrumpiendo a un ministro, monopolizando la conversación y obteniendo titulares con la misma naturalidad con la que despliega su servilleta.

Los martes, orquídeas (1941), la comedia romántica dirigida por Francisco Mugica, con Juan Carlos Thorry.
Los martes, orquídeas (1941), la comedia romántica dirigida por Francisco Mugica, con Juan Carlos Thorry.

Como animal político, Legrand ha sido una vidriera imprescindible para cualquier aspirante a la Casa Rosada. En su mesa, el poder brindó, pero también sufrió. Inolvidable fue el momento en que, en 1991, le lanzó a Eduardo Duhalde un dardo seco: “¿Usted es narcotraficante?”. O cuando, en 2003, confrontó a Néstor Kirchner preguntándole sin vueltas: “¿Se viene el zurdaje?”, lo que generó un cruce histórico sobre los 30 mil desaparecidos. Desde Raúl Alfonsín hasta Javier Milei, nadie ha escapado al filtro de su curiosidad, que a menudo roza la impertinencia necesaria para descolocar al mandatario de turno.

Su carrera no estuvo exenta de momentos polémicos que quedaron grabados en la retina popular. Desde la escandalosa salida de Silvana Suárez del programa tras una discusión, hasta la cruda pregunta a Sergio Schoklender sobre el parricidio. Mirtha es también la mujer del “carajo, mierda”, el exabrupto en una prueba de cámara que humanizó a la diva y la acercó a una audiencia que, a pesar de las diferencias ideológicas, la respeta por su obstinación por vivir y trabajar.

Hoy, viuda del director Daniel Tinayre y habiendo superado el dolor inmenso de perder a su hijo Daniel y a su hermana Goldy, Mirtha se refugia en su dinastía femenina: Marcela, Juana y Ámbar. A un paso de los 100 años, la “Chiquita” de Villa Cañás sigue siendo la gran reina de la televisión. No pide permiso, prefiere pedir perdón. Y mientras el país cambia de piel constantemente, ella permanece, eterna, demostrando que su verdadera militancia es la continuidad.

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