El fin de una era láctea: la quiebra de La Suipachense deja 140 familias en la calle

Tras 70 años de historia, la justicia decretó el cierre definitivo de la planta en Suipacha.

El silencio de las máquinas en la planta de Lácteos Conosur S.A. ya es irreversible. El Juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes dictó la quiebra de La Suipachense, la emblemática compañía que durante siete décadas fue el motor económico de la localidad bonaerense de Suipacha. Con una producción que supo alcanzar los 250.000 litros diarios de leche, la firma sucumbió ante una crisis financiera que se tornó insostenible bajo la administración del grupo venezolano Maralac, dejando a 140 trabajadores sin su principal fuente de sustento en un contexto sectorial alarmante.

La resolución judicial no dejó margen para la especulación: la inhabilitación de la empresa es definitiva y se ha ordenado la inhibición general de sus bienes. La caída de La Suipachense no fue un evento súbito, sino el desenlace de una agonía que se profundizó en septiembre pasado con despidos masivos y la paralización total de la producción durante tres meses. Pese a las exigencias del tribunal, la gerencia —encabezada por Jorge Luis Borges León— no logró presentar un plan de acción viable, lo que precipitó la sentencia de quiebra ante la nula generación de ingresos y la imposibilidad de restablecer las funciones operativas.

El cierre de esta histórica marca se inscribe en una crisis sistémica que afecta a la industria láctea argentina. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el sector arrastra las secuelas de un 2024 donde el consumo interno se desplomó un 9,7%. A esto se suma una paradoja productiva: a pesar de la baja en las ventas, existe una sobreoferta de stock que, ante la falta de demanda externa en mercados clave como Asia, obliga a las empresas a vender sus excedentes a precios que no cubren los costos operativos.

La Suipachense se suma así a una lista negra de empresas del sector que han cerrado o reducido drásticamente sus operaciones, como Sancor, ARSA y Verónica. Mientras el Movimiento CREA anticipa un 2026 de mayor concentración y rentabilidad bajo presión, en Suipacha y Chivilcoy el impacto es humano y social. La desaparición de una marca con 70 años de arraigo no solo representa una pérdida industrial, sino un síntoma de la fragilidad de las economías regionales frente a una macroeconomía que no logra absorber el potencial de la producción láctea nacional.

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