Desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó la necesidad de un despliegue de tropas terrestres al considerar que las capacidades navales y aéreas de Teherán sufrieron daños irreversibles.
No obstante, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtió que la operación militar podría extenderse hasta seis semanas, calificando como un error de cálculo cualquier intento iraní por prolongar el conflicto mediante ataques de saturación.
En el ámbito diplomático, trascendió que Arabia Saudita mantuvo contactos directos con el gobierno iraní para intentar frenar la expansión de la guerra. Mientras los países vecinos, como Qatar, informaron haber interceptado drones en sus espacios aéreos, la comunidad internacional observa con incertidumbre la efectividad de estas mediaciones ante una ofensiva que ya alcanzó las principales capitales de la región.
El impacto en la infraestructura civil de Teherán y la persistencia de las alarmas en Tel Aviv plantean un escenario de desgaste donde la superioridad tecnológica se enfrenta a la capacidad de respuesta asimétrica.
Ante el avance de la denominada operación de seis semanas, queda por determinar si los canales diplomáticos abiertos por los países del Golfo lograrán establecer un límite a una confrontación que, tras siete días, no muestra signos de haber alcanzado su punto máximo.