El mapa de precios en América Latina muestra dos realidades opuestas. Por un lado, una región que ha logrado estabilizar sus monedas y anclar expectativas; por el otro, Argentina y Venezuela, que continúan con dinámicas de precios propias de crisis macroeconómicas. Con el 2,9% de febrero, Argentina consolidó una tendencia alcista que ya lleva nueve meses consecutivos.
La brecha con el resto del continente es alarmante: el dato mensual argentino es casi tres veces superior al de Colombia (1,08%), que ocupa el tercer lugar. En comparación con potencias regionales como Brasil o México, la distancia se ensancha hasta cuatro veces, dejando al país en una situación de aislamiento inflacionario respecto a sus socios del Mercosur.
Tabla: Inflación mensual en América Latina (Febrero 2026)
| Puesto | País | Inflación Mensual | Acumulado 2026 |
| 1° | Venezuela | 14,60% | 51,90% |
| 2° | Argentina | 2,90% | 5,90% |
| 3° | Colombia | 1,08% | 2,27% |
| 4° | Brasil | 0,70% | 1,03% |
| 5° | Perú | 0,69% | 0,72% |
| 6° | Uruguay | 0,35% | 1,27% |
| 7° | Chile / Paraguay | 0,00% | 0,40% / 0,60% |
| 8° | Bolivia | -0,62% (Deflación) | 0,68% |
Estabilidad y deflación: el contraste de los vecinos
El fenómeno de la estabilidad se ha vuelto la norma en el Cono Sur. Chile y Paraguay registraron una variación del 0%, demostrando una recuperación total tras los desajustes de la post-pandemia. Por su parte, Bolivia fue la excepción absoluta al reportar deflación (-0,62%), traccionada por la caída en el precio de alimentos básicos y el esquema de subsidios a la energía.
En Uruguay, la situación es histórica: el país atraviesa su ciclo de estabilidad más prolongado en siete décadas, apoyado en la apreciación del peso uruguayo y un estricto control del gasto público. Esta divergencia subraya que, mientras el mundo y la región procesan la baja de precios internacionales, Argentina sigue lidiando con factores internos —como el ajuste de tarifas y regulados— que mantienen el IPC en niveles de resistencia.