Yellowknife se convirtió en el escenario donde el primer ministro Mark Carney presentó un ambicioso plan de defensa para transformar la presencia de Canadá en el Ártico.
Con una asignación de 32.000 millones de dólares destinados a la modernización de infraestructura, el gobierno busca reducir la histórica dependencia de las fuerzas estadounidenses.
Los fondos permitirán renovar bases clave en Yellowknife, Inuvik, Iqaluit y Goose Bay, dotándolas de hangares y depósitos de municiones necesarios para operar de forma autónoma.
Estrategia de defensa y autonomía
Carney subrayó que el país asumirá la responsabilidad total de su seguridad territorial. El proyecto contempla la creación de nuevos centros de apoyo operativo en Whitehorse, Resolute, Cambridge Bay y Rankin Inlet.
Estas instalaciones están diseñadas para albergar aviones de combate de última generación, incluyendo los F-35, cuya adquisición se encuentra bajo revisión frente a la opción sueca de los aviones Gripen.
Paralelamente, el plan incluye el Corredor Económico y de Seguridad del Ártico. Esta iniciativa contempla una carretera de 900 kilómetros y un puerto de aguas profundas en Grays Bay.
El objetivo es facilitar el transporte de minerales críticos y fortalecer la vigilancia en el Paso del Noroeste, una ruta que gana relevancia estratégica ante el retroceso de los hielos.