Un día como hoy: fin del apartheid

En 1992, la población blanca de Sudáfrica votó mayoritariamente a favor de terminar con el apartheid en un referéndum histórico. El triunfo del “Sí” desactivó a la extrema derecha, validó las reformas de De Klerk y permitió la posterior elección de Nelson Mandela.

Nelson Mandela

El 17 de marzo de 1992 representa una fecha bisagra en el devenir del continente africano. En aquella jornada, la minoría blanca de Sudáfrica fue convocada a las urnas para decidir el destino de las conversaciones que buscaban desmantelar el apartheid. Este sistema, vigente desde 1948, había institucionalizado el racismo estatal, marginando a la mayoría negra de cualquier derecho civil y político. El entonces mandatario, Frederick Willem de Klerk, tomó la arriesgada decisión de llamar a consulta popular para neutralizar a los sectores ultraconservadores que se resistían a perder sus privilegios históricos.

El declive de un sistema asfixiado por el aislamiento

La sostenibilidad del régimen segregacionista comenzó a resquebrajarse a finales de los años 80 debido a una combinación de factores internos y externos. Tras décadas de impunidad amparada en la lógica de la Guerra Fría, Pretoria perdió su valor estratégico para Occidente. La aprobación de sanciones económicas severas por parte del Congreso de Estados Unidos en 1986 y el retiro de grandes multinacionales dejaron las finanzas del país en una situación crítica. Ante este escenario, De Klerk asumió el poder en 1989 con una agenda de apertura que incluyó la legalización de partidos proscritos y la liberación de referentes emblemáticos como Nelson Mandela en 1990.

Una campaña marcada por el miedo y las promesas de paz

La previa al referéndum estuvo marcada por una polarización extrema. Mientras el Partido Conservador apelaba al temor de la población blanca, vaticinando un colapso social bajo un mando africano, figuras como Mandela jugaron un rol diplomático crucial. El líder del Congreso Nacional Africano instó a sus seguidores a respaldar el proceso de reforma y garantizó la estabilidad laboral de los empleados públicos blancos para evitar un éxodo de capitales y conocimiento. A este esfuerzo se sumaron las principales cámaras empresariales y potencias extranjeras, que advirtieron sobre consecuencias financieras devastadoras en caso de que triunfara el rechazo a las negociaciones.

Un resultado contundente que allanó el camino a la democracia

La participación ciudadana alcanzó niveles históricos, con un 86% de los votantes habilitados asistiendo a los centros de votación. El respaldo a las reformas fue abrumador: casi el 69% de los electores se inclinó por el “Sí”, logrando victorias aplastantes en centros urbanos como Ciudad del Cabo y Pretoria. Este triunfo significó la derrota definitiva de la derecha radical y validó el mandato para redactar una nueva Constitución inclusiva. Dos años después, este proceso culminaría en las primeras elecciones multirraciales, donde Nelson Mandela se consagró como el primer jefe de Estado negro de la nación, cerrando formalmente uno de los capítulos más oscuros del siglo XX.

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