Una vez dentro del esquema, las mujeres no podían retirarse antes de las 6.30 y debían tolerar abusos de los clientes con el aval de los organizadores. Los encuentros sexuales se concretaban en un hotel alojamiento cercano y en los hoteles Alvear y Faena, con tarifas de entre 150 y 500 dólares por encuentro. Los organizadores retenían un mínimo de 100 dólares de cada cita.
La estructura de la organización
Según el expediente, el local operaba bajo la sociedad Gran Recoleta S.A., utilizada como pantalla para obtener habilitaciones comerciales. La organización tenía roles claramente definidos: captación por redes sociales, administración general, asignación de clientes, registro de ganancias y coordinación logística diaria.
El juez Casanello procesó a cinco de los acusados como presuntos coautores y a cuatro como partícipes necesarios. La investigación estuvo a cargo de la Fiscalía Federal N°12, conducida por la fiscal Mángano, también titular de la Protex junto a su colega Marcelo Colombo. El allanamiento que desarticuló el local se realizó el 9 de julio de 2024.
El control sobre las víctimas
El régimen interno del local era estricto. Se regulaba el acercamiento a los clientes, el tipo de acuerdo permitido y el dinero que debía quedar en manos de los dueños. Las mujeres eran, según la resolución judicial, “exhibidas como objetos” en un esquema de control diseñado para maximizar la recaudación.
El negocio aceptaba efectivo, tarjetas, Mercado Pago y transferencias. Los clientes habituales tenían cuentas corrientes registradas en cuadernos. Las mesas se “compraban” por entre 200.000 y 500.000 pesos.