Este 24 de marzo no fue una fecha más en el calendario argentino. Al cumplirse el 50° aniversario del Golpe de Estado de 1976, la jornada se transformó en un potente cruce entre la movilización en las calles y un activismo digital sin precedentes.
Referentes del arte, la música y el teatro se convirtieron en amplificadores de un reclamo que, lejos de apagarse, busca nuevas formas de interpelar a la sociedad contemporánea.
La reflexión crítica de Fito Páez
Uno de los testimonios más profundos llegó de la mano de Fito Páez. El músico rosarino utilizó su alcance para proponer un debate sobre la profundidad del recuerdo en la era de la inmediatez.
Páez afirmó que “la lógica de las redes sociales no puede resolver la historia en uno o varios posteos”, subrayando que el período dictatorial es “un proceso abierto y aún no cerrado en la historia del país”. Para el artista, el Estado mantiene la obligación ineludible de garantizar justicia y reparación a las familias afectadas.
Nuevas voces para una memoria eterna
La conmemoración también mostró el fuerte compromiso de las nuevas generaciones de artistas. María Becerra compartió material de Amnistía Internacional y un video que relata historias de desaparecidos, acompañando el contenido con una frase contundente: “50 años después, seguimos eligiendo memoria”.
En la misma línea, Lali Espósito difundió testimonios de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, reforzando la histórica consigna de “Nunca más”.
Por su parte, Natalia Oreiro participó activamente en la vigilia del 23 de marzo, compartiendo ilustraciones con mensajes que calaron hondo: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza” y “No olvidamos, no perdonamos. Memoria, verdad y justicia”.
El teatro y la resistencia colectiva
El sector institucional también marcó postura. La Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI) emitió un comunicado llamando a una “demostración masiva y contundente contra el negacionismo de un sector minoritario de la Argentina”.
La entidad reivindicó a quienes sufrieron el exilio y la persecución, señalando que el teatro siempre ha mantenido en alto las banderas de libertad y cultura.
Desde figuras como Mercedes Morán, quien fue oradora en la plaza, hasta Nancy Dupláa, quien recordó la censura citando a Serú Girán, el consenso fue unánime. En un país que atraviesa desafíos constantes, la cultura argentina volvió a demostrar que la memoria es un ejercicio activo que se construye día a día, artista por artista.