El guarda de tren que cambió las vías por el vino: la historia de Sonrisas Violetas

En General Belgrano, Fabrizio Peña transformó un punto de inflexión familiar en un refugio de bodegas boutique. Entre picnics en el boulevard y catas junto al río, su vinoteca redefine el encuentro humano.

Por Silvia Maruccio – Sommelier
@silviamaruccio 

 

La vida, a veces, pega un frenazo inesperado que obliga a recalcular el rumbo. Para Fabrizio Peña, ese momento se convirtió en la semilla de un sueño que hoy tiene nombre propio: Sonrisas Violetas. Tras dejar atrás su trabajo como guarda de larga distancia en Trenes Argentinos, Fabrizio decidió volver a sus raíces en General Belgrano para estar cerca de su familia y volcar su pasión por el vino en un proyecto que es, ante todo, un refugio de hospitalidad.

Ubicada en una emblemática esquina de techos altos y luz cálida, la vinoteca se levanta entre la casa de su madre y un mural que narra la historia familiar. Con un altillo que balconea al verde del boulevard y un patio que se abre con los primeros soles de primavera, el espacio invita a pausar el ritmo y entregarse al disfrute.

Etiquetas con identidad y servicio de autor

En Sonrisas Violetas, el vino es el protagonista, pero la clave es la conexión. Fabrizio apuesta por bodegas boutique y asume un rol que hoy es difícil de encontrar: el de anfitrión absoluto. Él atiende, recorre las mesas y explica cada etiqueta con la convicción de quien sabe que una botella es mucho más que líquido en una copa.

“No se trata de solamente tomarse una copa. Es también que te la sirvan, te cuenten la historia y te ayuden a valorar el vino como debe ser”, afirma Fabrizio.

Esa mística ha logrado lo impensado: atraer a visitantes que viajan exclusivamente a General Belgrano para participar de sus noches de cata o para vivir la experiencia de Bodeguear, la feria de vinos a orillas del río Salado que ya es un emblema local.

Experiencias que trascienden la copa

La propuesta de Sonrisas Violetas escapa a lo convencional con opciones pensadas para disfrutar el entorno:

  • El Caminito Vinero: Una de las ideas más creativas del lugar. La vinoteca entrega una canasta con copas, vino y picada para que los clientes crucen al boulevard de enfrente y disfruten de un picnic urbano con estilo.

  • Ciclos Gastronómicos: Dos veces al mes, el lugar se transforma con degustaciones temáticas por pasos y cenas especiales con cocineros invitados bajo su gran pérgola.

  • Wine Bar: Un espacio para descubrir nuevas etiquetas por copa, ideal para quienes buscan aprender en un ambiente relajado y profesional.


Guía de viaje: Cómo llegar

A solo 160 km de la Ciudad de Buenos Aires, General Belgrano es un destino ideal para una escapada enológica. Se accede por Autovía 2 y Ruta Provincial 29 (empalme con la RP 41).

  • Dirección: Lavalle y Dr. Torras (Esquina), General Belgrano.

  • Instagram: @sonrisasvioletas

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