A una edad en la que muchos optan por el descanso, Jane Asher prefiere la adrenalina del carril rápido. La nadadora británica, que ya es una leyenda en el Salón de la Fama Internacional de la Natación, sumó en marzo su quinto récord mundial de la temporada, demostrando que sus dos reemplazos de cadera no son un obstáculo para su carrera.
Radiografía de una campeona eterna:
Palmarés: Acumula 52 récords mundiales en cuatro categorías de edad diferentes.
Rutina: Entrena en la piscina cuatro veces por semana, complementando con tai chi y pilates.
Próximo objetivo: El campeonato de Budapest (Hungría), donde buscará quebrar una nueva marca global.
Reconocimiento: Fue condecorada con la Medalla del Imperio Británico por su dedicación al deporte.
De los cocodrilos a la gloria olímpica máster
La historia de Asher es tan inusual como sus marcas. Nacida en la actual Zambia, no aprendió a nadar hasta los 7 años porque los ríos de su infancia estaban plagados de cocodrilos e hipopótamos. Su romance con el agua comenzó tras mudarse a Sudáfrica y se consolidó décadas después en el Reino Unido.
Aunque compitió en la universidad, Jane abandonó las piletas tras casarse. No fue hasta los 40 años, mientras enseñaba a niños de primaria, que redescubrió su potencial. Sin embargo, su verdadera explosión profesional llegó en los años 90, tras enviudar. Desde entonces, ha recuperado el tiempo perdido batiendo récords de estilo libre en categorías máster por todo el mundo.
“No es por las medallas”
A pesar de la vitrina repleta de preseas doradas obtenidas en Reino Unido, Francia y Países Bajos, Asher asegura que lo que la mueve no es el metal. “Ya no las colecciono porque no tengo dónde guardarlas”, confesó a la prensa británica. Para ella, la natación es un lenguaje universal que une a jóvenes de 18 con adultos de 90 años.
Más que una inspiración, Jane se define como una “persuasora”. Su objetivo es que otros adultos mayores vean en su figura la prueba de que nunca es tarde para lanzarse al agua. “Salís del agua y sentís que podés ir a cualquier parte”, sentencia la mujer que, a sus 95 años, sigue siendo la más rápida de su clase.