Entre la “Ferrari china” y la parada vacía: el festejo de Sturzenegger que choca con el caos del AMBA

Mientras el sistema de colectivos entra en colapso por falta de fondos y recortes, el ministro de Desregulación celebró la importación de dos autos de lujo

Federico Sturzenegger
Sturzenegger

En la Argentina de las realidades paralelas, el termómetro de las redes sociales suele marcar una temperatura muy distinta a la de las paradas de diarios y estaciones de transbordo. Este martes, mientras miles de usuarios en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) lidiaban con una reducción drástica de las frecuencias de colectivos, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, utilizó su cuenta de X para celebrar un hito de la apertura comercial: el patentamiento de las primeras dos “Ferraris chinas”.

El vehículo en cuestión es el Xiaomi SU7 (mencionado como YU7 en los registros), un sedán eléctrico de alta gama que ha causado sensación global y que ingresó al país bajo el régimen de importación para particulares. “Qué bueno es ver la libertad en acción. Esperemos que haya más, mucho más de esto: más modelos, más diversidad, más competencia”, festejó el funcionario. Sin embargo, el “festejo” del ministro se produjo en el preciso instante en que los canales de noticias transmitían en vivo las filas interminables de laburantes esperando un transporte público que no llega.

Un sistema al borde del abismo

La contracara del entusiasmo oficial es un sistema de transporte urbano que se encamina a una parálisis total. Las cámaras empresarias del sector han comenzado a aplicar un recorte preventivo de servicios debido a la imposibilidad de afrontar los costos operativos. Según denuncian desde las prestatarias, el desfasaje financiero es crítico: el aumento de los combustibles y el retraso en el giro de los subsidios nacionales han dejado a las empresas sin caja para pagar los salarios de los choferes, cuyo vencimiento opera este cuarto día hábil del mes.

Marcelo Pasciuto, director de la Cámara Empresaria del Transporte Urbano de Buenos Aires (CETUBA), fue contundente sobre la fragilidad del escenario actual:

“Hoy las empresas no tienen para pagar los sueldos de mañana. Que el transporte funcione depende de que entreguen gasoil, que los bancos den descubierto y que colabore el sindicato”.

La desconexión oficial

El conflicto no es solo económico, sino también político. Desde el sector empresarial aseguran que no existe una mesa de diálogo abierta con el Gobierno Nacional para buscar una solución de fondo. Mientras la administración de Javier Milei mantiene su postura de reducir al mínimo las transferencias directas y avanzar en la desregulación, las empresas advierten que la brecha entre el costo técnico del boleto y lo que paga el pasajero es insostenible sin una compensación estatal eficiente.

La imagen de la jornada terminó siendo una síntesis perfecta de la coyuntura actual: por un lado, la apuesta por una “libertad de mercado” que permite la llegada de bienes de lujo para una elite mínima; por el otro, la degradación de un servicio esencial que utilizan millones de argentinos para ir a trabajar. Mientras Sturzenegger mira hacia el futuro de la movilidad eléctrica importada, los vecinos del Conurbano y la Ciudad miran hacia la esquina, esperando un colectivo que cada vez tarda más en aparecer.

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