El reciente recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán impactó de lleno en los surtidores locales con un incremento del 23% en el último mes. Según explicó el exsecretario de Energía, Emilio Apud, en diálogo con Infobae, este fenómeno es una consecuencia directa del salto del barril Brent y la afectación de infraestructuras críticas en Medio Oriente.
El especialista detalló que, si bien el ajuste parece elevado para el bolsillo del consumidor, la lógica técnica indicaría que el aumento debería haber rondado el 30%, considerando que cada dólar de suba en el barril internacional suele representar un 1% de incremento en el precio final de las naftas.
El escenario actual está influido por una estrategia de las petroleras locales, que acordaron no trasladar de manera inmediata el total del costo internacional para evitar un colapso en el consumo. Sin embargo, este pacto implica que, cuando el precio global baje, los combustibles en Argentina no descenderán en la misma proporción hasta equilibrar los márgenes actuales.
Por otro lado, el Gobierno Nacional ha decidido no intervenir de forma directa en el mercado —a diferencia de gestiones anteriores—, limitándose a herramientas de manejo indirecto como la postergación de actualizaciones impositivas o la habilitación de un mayor porcentaje de biocombustibles en las mezclas para intentar contener el costo de producción.
El rol de Argentina como amortiguador y productor
A pesar de la escalada, Apud aclaró que Argentina no posee el combustible más caro de la región, ubicándose en el cuarto o quinto lugar de Latinoamérica. Esta posición se explica porque el país es un productor de crudo con una estructura de retenciones que permite que la materia prima ingrese a las refinerías locales a un valor aproximadamente un 8% más bajo que el Brent internacional.
“Este diferencial, sumado a la menor carga de fletes, actúa como un resguardo parcial frente a los países que deben importar el 100% de lo que consumen, como es el caso de Uruguay”, señaló el exfuncionario.
No obstante, el restablecimiento total del equilibrio energético global llevará tiempo. En Catar, por ejemplo, el 17% de la capacidad de producción de gas natural licuado permanece afectada por los conflictos, y se estima que las reparaciones podrían demandar hasta dos años. En el plano local, la normalización de los precios internos dependerá de que no se produzcan nuevos ataques a instalaciones petroleras en el Golfo y de la velocidad con la que las empresas puedan recuperar su capacidad operativa sin que la inflación erosione completamente los ingresos reales de los ciudadanos.
Vaca Muerta ante una oportunidad geopolítica
Más allá de la crisis de precios para el consumidor final, el contexto de guerra abre una ventana de oportunidad estratégica para Argentina. Los grandes importadores de hidrocarburos del mundo están buscando diversificar su oferta para dejar de depender exclusivamente del Golfo Pérsico, lo que sitúa a los recursos no convencionales de Vaca Muerta en el radar internacional. Apud destacó que el país califica como un proveedor geopolíticamente estable y técnicamente capacitado para cubrir esa demanda creciente, siempre que se mantenga un marco legal que fomente inversiones fuertes y predecibles.
El proceso de expansión ya está en marcha: mientras las exportaciones de petróleo siguen creciendo, se espera que el año próximo comience el envío de gas natural licuado (GNL) al exterior. Se prevé que el barco regasificador llegue a las costas argentinas a fines de este año para iniciar la transformación del fluido en estado líquido para su transporte internacional. Este salto exportador permitiría a la industria local salir de su histórica dependencia del mercado interno y aprovechar la necesidad global de energía proveniente de mercados seguros, transformando la actual “desgracia” de los conflictos externos en un beneficio económico de mediano y largo plazo para el país.