Inflación: en solo tres meses se agotó casi toda la meta anual del Gobierno

El IPC acumulado del primer trimestre alcanzó el 9,4%, rozando el 10,1% proyectado en el Presupuesto 2026. Pese a la baja del dólar, la inflación núcleo se aceleró al 3,2% en marzo y enciende alarmas por la resistencia de los precios a bajar.

Foto: NA

El plan económico del Gobierno enfrenta su primer gran desafío de sostenibilidad estadística. En apenas tres meses, la inflación acumulada llegó al 9,4%, quedando a solo décimas del 10,1% que el equipo económico había fijado como meta para todo el año 2026. El dato de marzo, que se ubicó en 3,4%, no solo rompió las expectativas oficiales, sino que marcó el décimo mes consecutivo sin una desaceleración real.

  • Meta anual: 10,1% (Presupuesto 2026).

  • Acumulado trimestral: 9,4%.

  • Inflación Núcleo: 3,2% en marzo (en aceleración).

  • Dólar: Retrocedió un 6,3% en lo que va del año, pero no logró anclar los precios.

La inflación núcleo: el dato que preocupa al mercado

Más allá del índice general, los analistas ponen la lupa en la inflación núcleo (core), que excluye productos estacionales y regulados. En marzo, este indicador trepó al 3,2%, confirmando que la tendencia de fondo de la economía se mantiene en un escalón alto. Esta “resistencia” a perforar el piso del 3% sugiere que la inercia inflacionaria es más robusta de lo previsto por la Casa Rosada.

El fenómeno responde, en gran medida, a la brecha entre bienes y servicios. Mientras que los bienes muestran una dinámica más calma por la apertura comercial, los servicios —con estructuras de costos más rígidas y ajustes en tarifas— continúan empujando el índice hacia arriba. Esta dualidad introduce una rigidez nominal que dificulta que el proceso de desinflación gane velocidad en el corto plazo.

Factores estacionales y el peso del petróleo

El presidente Javier Milei reconoció que el dato de marzo “es malo”, aunque lo atribuyó a factores que considera transitorios. El inicio del ciclo lectivo disparó el rubro Educación a cifras de dos dígitos, mientras que el contexto internacional aportó lo suyo: la tensión en Medio Oriente encareció el petróleo, impactando directamente en los combustibles y en los costos logísticos de toda la cadena de valor.

Desde el Ejecutivo insisten en que se trata de un “salto en el nivel de precios” y no de un cambio de tendencia. Sin embargo, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ya recalculó sus proyecciones: los privados ahora estiman que el 2026 cerrará con una inflación cercana al 30%, triplicando la pauta original del Presupuesto y superando incluso el registro del año 2025.

¿Alcanzan las anclas actuales?

Para la consultora LCG, las herramientas utilizadas hasta ahora están mostrando límites. El ancla cambiaria (con un dólar que baja) y la debilidad de la actividad económica no han sido suficientes para desactivar la inercia. Los economistas advierten que, ante la falta de una coordinación de expectativas más agresiva, el camino hacia la estabilidad será lento y complejo.

Con el objetivo anual virtualmente agotado en marzo, el Gobierno queda sin margen de error para el resto del año. La apuesta oficial sigue siendo la prudencia fiscal y monetaria, bajo la premisa de que “sacar todos los pesos de la calle” terminará por desplomar los índices. No obstante, la realidad de las góndolas y el peso de los servicios regulados plantean un escenario de ajuste persistente para el segundo semestre.

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