Perspectivas económicas tras el shock de marzo: el desafío de la desinflación

Tras el pico inflacionario del 3,4% en marzo, los analistas prevén una desaceleración en abril al disiparse los aumentos estacionales en educación y combustibles. Con un dólar estable y precios mayoristas controlados, el Gobierno apuesta a una recuperación del salario real.

Luis Caputo. Foto: NA.

Luego de que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzara un 3,4% el mes pasado, el foco de la gestión económica se desplaza hacia la celeridad con la que los precios lograrán estabilizarse. Aunque el Gobierno admitió que la cifra fue negativa, existe un consenso técnico respecto a que marzo representó el techo estacional del año. La gran incógnita para el mercado no es si la inflación descenderá, sino qué tan pronunciada será esa caída de cara al cierre del segundo semestre.

El acumulado del primer trimestre, que llegó al 9,4%, impactó con fuerza en los ingresos de los hogares, superando la mayoría de las previsiones de las negociaciones colectivas. No obstante, las proyecciones para el trimestre en curso sugieren un reajuste por debajo del umbral del 3%. Este nuevo escenario permitiría que los salarios comiencen una etapa de recomposición real, apuntalando el consumo tras un inicio de año signado por la pérdida de capacidad de compra.

Factores estacionales y el rol del tipo de cambio en la nueva etapa

El optimismo del Palacio de Hacienda se sustenta en que los motores que impulsaron el salto de marzo no tendrán continuidad en el corto plazo. El rubro educativo, que lideró las subas con un 12% por el ciclo lectivo, y el transporte, afectado por la volatilidad internacional del crudo, perderán peso en la medición de abril. Al mismo tiempo, el segmento de alimentos muestra señales de mayor quietud, especialmente en productos cárnicos, cuya disparada fue determinante en el reporte anterior.

Otro pilar fundamental para la tendencia bajista es la estabilidad —e incluso retroceso— de la cotización del dólar. La apreciación de la moneda local abarata los costos de insumos y bienes terminados provenientes del exterior, lo que ya se refleja en un índice mayorista que se mueve a un ritmo significativamente menor. Esta brecha entre los precios al por mayor y los del consumidor funciona como un indicador adelantado de que la presión sobre las góndolas debería ceder de forma sistemática.

Proyecciones del FMI y el horizonte de crecimiento sostenido

El Fondo Monetario Internacional ha actualizado su visión sobre la Argentina, estimando una inflación anual cercana al 30%. Si bien la cifra es similar a la del ejercicio previo, la dinámica interna es opuesta: mientras que en 2025 los precios aceleraron tras un piso a mitad de año, en 2026 se espera un sendero de desaceleración progresiva desde el pico actual. Este comportamiento genera una percepción de alivio económico distinta a la del cierre del año pasado.

Asimismo, el organismo internacional prevé una expansión del Producto Bruto Interno del 3,5%. De concretarse, el país lograría dos años consecutivos de crecimiento económico, un fenómeno de continuidad que no se registraba en las últimas quince décadas. Para las autoridades, este círculo virtuoso de baja inflacionaria, reducción de tasas y recuperación del crédito constituye la base para una estabilidad de largo aliento, a pesar de las contingencias globales que puedan surgir.

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