El “efecto terremoto” de la IA: por qué la tecnología está destruyendo el empleo profesional

En el marco del 2° Congreso Productivo para el Desarrollo, Sergio Kaufman analizó el impacto disruptivo de la IA en el mundo laboral. Advirtió que, a diferencia de otras revoluciones, esta vez los principales afectados son los universitarios recién graduados y que el software ya no es una carrera con “empleo asegurado”.

Sergio Kaufman. Foto: La Redacción

La velocidad con la que la Inteligencia Artificial (IA) está transformando las estructuras productivas globales ya no se mide en décadas, sino en meses. En su exposición durante el 2° Congreso Productivo para el Desarrollo, Sergio Kaufman, inversor y ex-CEO de Accenture, arrojó un diagnóstico crudo y pragmático sobre el impacto de estas tecnologías en el mercado laboral argentino y regional.

Lejos de los discursos corporativos tradicionales, Kaufman comparó el avance de la IA con un terremoto de ondas sucesivas donde cada réplica es más violenta que la anterior. “En el terremoto, esos 30 segundos que está todo quieto son los más complicados, porque no sabés si lo que viene es más fuerte o más débil. Y está pasando exactamente lo mismo”, graficó, abriendo paso a un debate urgente sobre el futuro de la educación y el empleo profesional.

La destrucción del “empleo junior” y el fin de los mitos informáticos

El núcleo más alarmante de la presentación radicó en cómo la IA está modificando el acceso al primer trabajo. Según el especialista, herramientas avanzadas como Claude o ChatGPT ya tienen la capacidad de resolver en 10 o 15 minutos tareas de investigación y análisis que antes le demandaban un mes de trabajo a un analista junior recién egresado.

Esto provoca una ruptura estructural en la formación de capital humano. “La Inteligencia Artificial no destruye las carreras; destruye el primer peldaño”, sentenció Kaufman. Al desaparecer las tareas iniciales que justificaban la contratación de un profesional “verde”, se quiebra el mecanismo tradicional con el que las empresas formaban a sus futuros expertos.

El fenómeno derriba, además, uno de los grandes dogmas del siglo XXI: la infalibilidad de las carreras informáticas. “Hace dos o tres años decían: ‘Estudiá sistemas, aprendé a programar y tenés empleo asegurado’. Olvidate. Hoy es el área con mayor generación de desempleo profesional”, advirtió. La proliferación de academias de programación hoy choca contra un escenario de sobreempleo y caída vertical de salarios, dado que la eficiencia de los motores de generación de código se multiplica a pasos agigantados año tras año.

Ganadores, perdedores y el “efecto escudo” de Argentina

A diferencia de las revoluciones industriales del pasado —donde la automatización desplazaba primero a los obreros manuales—, el primer ciclo de la revolución de la IA está ensañado con los graduados universitarios. Sectores como los servicios financieros, el derecho, el diseño y la medicina ya muestran transformaciones drásticas. Kaufman ejemplificó esto con el sector de la salud: los sistemas de IA hoy aprueban los exámenes médicos en EE.UU. con un 90% de efectividad (frente al 60% requerido para los humanos) y los radiólogos están siendo reemplazados por diagnósticos de imágenes automatizados mucho más precisos.

En este complejo panorama, América Latina corre de atrás. Aunque la región concentra el 14% del tráfico global de soluciones de IA, su nivel de inversión se encuentra seis veces por debajo del promedio mundial. Para el caso de Argentina, la OCDE estima que un 37% del empleo formal se encuentra en una zona de total incertidumbre.

Paradójicamente, Kaufman señaló que el país cuenta con un “premio consuelo” temporal: la informalidad laboral. Debido a que los empleos informales y de baja calificación física son los más difíciles y costosos de automatizar mediante robótica e IA, el tejido laboral argentino está relativamente “protegido” de la primera ola de despidos, aunque bajo el riesgo latente de que lo que desaparezcan sean las propias empresas informales por falta de competitividad.

La parábola de la vaca y el desafío distributivo

El cierre de la exposición dejó una advertencia política y económica de cara al futuro del país. Kaufman alertó que, al ser la IA una tecnología de automatización fuertemente sesgada hacia el capital y no hacia el trabajo, el riesgo de que profundice la concentración de la riqueza y empeore la distribución del ingreso en Argentina es altísimo. Además, enfatizó la necesidad de una política de Estado soberana, ya que el control de los grandes motores de IA está concentrado en un puñado de potencias globales.

Sergio Kaufman. Foto: La Redacción

Para finalizar, el empresario apeló a una conocida parábola oriental: la historia del maestro zen que obliga a su discípulo a empujar al precipicio a la única vaca de la que se sustentaba una familia miserable, forzándolos involuntariamente a salir de la comodidad de la subsistencia para terminar prosperando mediante el cultivo de la tierra.

“La Inteligencia Artificial nos va a tirar la vaca por el precipicio”, concluyó Kaufman, haciendo referencia a los preconceptos que las universidades, las empresas y el Estado tienen sobre el empleo y las carreras tradicionales. La disrupción ya comenzó y, en lugar de lamentar la caída de la vaca, el desafío de la Argentina productiva será aprender a sembrar en el nuevo e inevitable terreno tecnológico.

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