Nonnamaxxing: vivir como una abuela italiana para vivir más

Una tendencia que circula en redes sociales propone adoptar los hábitos de las nonne italianas como secreto de longevidad. Caminar, comer de estación, conectarse con otros: una filosofía de vida que la ciencia respalda.

Hay algo que llama la atención cuando se camina por una ciudad italiana y se observa a sus mujeres mayores: van a pie a todos lados, se visten con colores, se detienen a tomar un café sin mirar el teléfono. No aparentan menos edad de la que tienen, y tampoco parecen querer hacerlo. Envejecen con una dignidad que en otras latitudes cuesta más encontrar.

De esa observación —y de cierta nostalgia de la Generación Z por una vida más lenta— nació el nonnamaxxing: la propuesta de que cualquiera puede vivir mejor adoptando los hábitos de las abuelas italianas. La idea no es importar una estética ni disfrazarse de otra cultura. Es tomar en serio un conjunto de prácticas cotidianas que, resulta, tienen respaldo científico sólido.

Italia lidera la Unión Europea en esperanza de vida. Un grupo de pueblos de Cerdeña integra la lista de las cinco Zonas Azules del mundo —los territorios donde las personas viven más y mejor— y el número de centenarios en el país no para de crecer. Algo están haciendo bien.


Envejecer sin disculpas

Una de las primeras claves es la relación con el propio cuerpo en el tiempo. Las nonne italianas no ocultan su edad: la habitan. Licia Fertz, de 96 años y residente en Viterbo, lo resume con precisión: “Presentarse bien es un acto de amor propio”. Investigaciones recientes confirman que las mujeres con actitudes más positivas hacia el envejecimiento presentan un ritmo de declive biológico más lento. No es autoayuda: es fisiología.

 

El cuerpo en movimiento

Las ciudades y pueblos italianos son transitables a pie casi por necesidad —calles estrechas, gasolina cara, distancias cortas—, lo que convierte a caminar en una práctica estructural y no en un esfuerzo opcional. Daniel Lieberman, profesor de Biología Evolutiva Humana en Harvard, sostiene que cientos de estudios confirman que caminar ayuda a envejecer más lentamente y mejor. Un estudio publicado en 2025 en el American Journal of Preventive Medicine encontró que incluso quince minutos de caminata rápida diaria reducen el riesgo de muerte prematura.


Comer lo que da la tierra, cuando lo da

En los mercados italianos es habitual encontrar cartelería que indica qué frutas y verduras corresponden a cada mes del año. Antonino De Lorenzo, profesor emérito de Nutrición Humana en la Universidad de Roma Tor Vergata, señala que la clave no está en la variedad sino en la calidad: productos maduros, frescos, sin conservantes industriales. La dieta mediterránea —aceite de oliva, legumbres, cereales integrales, vegetales— no es una moda ni una tendencia pasajera. Los propios investigadores que la estudian insisten en llamarla “una forma de vida”.


La comunidad como medicina

Pero quizás el elemento más difícil de trasladar sea el más decisivo: la conexión con los otros. Las nonne italianas son famosas —y algo temidas, también con humor— por su presencia constante en la comunidad. Cuidan nietos, conocen a sus vecinos, salen a la calle. El aislamiento social está asociado a deterioro cognitivo y depresión; tener un propósito y sentirse parte de algo, en cambio, preserva la función mental. Fertz lo formula como advertencia directa: “No aislarse. Mantente siempre en contacto con la gente, viaja, planea salidas”.


Una reacción cultural, además de un estilo de vida

El psicoterapeuta neoyorquino Jonathan Alpert apunta algo que va más allá del bienestar individual: el nonnamaxxing es también una respuesta a la cultura del rendimiento. “Mucha gente más joven está quemada por la presión de optimizarse constantemente, ser productivos y convertir sus vidas en contenido”, dice. En ese sentido, la figura de la abuela italiana funciona como antídoto simbólico: una imagen de vida plena que no necesita justificarse en métricas.

La pregunta es si estos hábitos pueden trasplantarse fuera de su contexto. La respuesta honesta es: parcialmente. Caminar más, comer con atención, sostener vínculos reales, aceptar el propio cuerpo en el tiempo que le toca —todo eso es posible en cualquier latitud. Lo que no puede replicarse por decreto es la infraestructura cultural que hace que esas prácticas sean, en Italia, simplemente la forma normal de vivir.

Fertz tiene la última palabra, más filosófica que médica: “Nunca pienses que eres viejo. Naces joven”. Y agrega, con una convicción que no admite réplica, que el aburrimiento es “lo único que realmente te hace envejecer”.

Difícil discutirle a alguien de 96 años.

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