Severas disidencias internas y reclamos de cohesión en el Peronismo

La ausencia de Axel Kicillof en la marcha en apoyo a Cristina Kirchner agudizó las tensiones con La Cámpora, desatando fuertes reproches cruzados. Frente a los desacuerdos por la conducción del espacio, el massismo reclamó preservar con urgencia la unidad opositora.

Cristina Fernández de Kirchner. FOTO NA:(ARCHIVO) MARIANO SANCHEZ

La diagramación de una marcha callejera en defensa de Cristina Kirchner profundizó la polarización que atraviesa a las diferentes terminales del peronismo bonaerense. El anuncio de que el mandatario provincial, Axel Kicillof, no concurrirá de forma presencial a la manifestación del fin de semana reavivó los reproches por parte de los sectores más consustanciados con la conducción tradicional del movimiento. La controversia escaló luego de que referentes territoriales alineados con el gobernador pusieran en duda los liderazgos personalistas, provocando una enérgica réplica de las espadas legislativas de La Cámpora, quienes exteriorizaron sus recelos respecto a los alineamientos estratégicos de la gobernación de cara al armado futuro.

Desde la Jefatura de Estado provincial procuraron atenuar el impacto del desaire institucional argumentando superposiciones en los compromisos oficiales del gobernador, al tiempo que confirmaron el envío de delegaciones gremiales y agrupaciones afines para garantizar el volumen de la convocatoria. No obstante, esta postura intermedia no logró sofocar el malestar del núcleo duro kirchnerista, que interpreta la toma de distancia como un intento de diferenciación en momentos de extrema complejidad judicial para la antigua jefa de Estado. El cortocircuito expone las dificultades metodológicas que experimenta la coalición para dirimir sus conducciones intermedias sin apelar a la confrontación abierta en los medios de comunicación.

Frente a la escalada del conflicto, las expresiones ligadas al Frente Renovador de Sergio Massa intervinieron públicamente con el propósito de morigerar los cruces verbales y exhortar a la preservación del consenso partidario. Voceros de este espacio advirtieron que las disputas públicas debilitan la capacidad de articulación frente a la administración de Javier Milei y reclamaron canalizar los debates programáticos en ámbitos reservados para evitar el desgaste del electorado propio. De este modo, la movilización programada bajo consignas de desagravio terminó funcionando como un termómetro de las intrincadas disputas de poder y las visiones encontradas sobre la reorganización del espectro peronista con miras a los próximos desafíos institucionales.

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