Nada arrancó como se esperaba y el tiempo es una daga cada vez más cerca de la espalda de Eduardo Coudet. Sin margen, como el mismo entrenador dijo, el River del Chacho sumó tres derrotas consecutivas que, sumadas al contexto y a la época, parecen multiplicadas por diez y ponen en el centro de la escena el tema de su continuidad y de su proyecto. Debe ganar urgente, lo sabe. Mientras tanto, debe capear el temporal y calmar el azote de la intolerancia y la frustración.
Son demasiados frentes juntos. El primero es el de “la banda del container”, que increíblemente ahora parece un grupo de jugadores capaces de salvar al equipo. Los mismos jugadores que en el primer semestre fueron rechazados por los hinchas, que aplaudieron su separación, resulta que ahora son buenos. Este equipo jugó muy mal en la primera parte del año, con Coudet, Gallardo y estos mismos jugadores. Pero la memoria es cada vez más corta y todo funciona como Dory, en Buscando a Nemo.
Otro frente muy extraño es el caso Juanfer Quintero y sus declaraciones. El colombiano, que en la final contra Belgrano estuvo todo el primer tiempo en zapatillas y jogging y que anduvo más tiempo en el parte médico que en la lista de concentrados, se fue diciendo que no lo querían. Juanfer se fue al Mundial antes que el resto y quiso volver después que todos. Lo mismo hizo pospandemia, en 2020, cuando se fue a China, y la misma conducta tuvo en 2022, cuando se fue Gallardo. ¿Qué culpa tiene Coudet?
El tema del mercado de pases es otro frente abierto y el mismo DT lo expuso al pedir que la semana que viene lleguen tres o cuatro jugadores más. En este tema hay algo de contexto que le viene de contramano. Los tiempos del Mundial, las operaciones que terminan en septiembre en Europa y el rearmado de un plantel casi completo son situaciones que lo exceden. Así y todo, en el primer partido del torneo tuvo disponibles a media docena de jugadores. Otamendi, Correa, Beltrán y Borré son nombres sin discusión.
En medio de todo está la época y el fenómeno de la casi ausente tolerancia a la frustración. Es verdad que perder con Aldosivi y Barracas Central es una ofensa, pero de ahí a sobregirar tanto la rosca para patear el tablero y otra vez salir a buscar un entrenador parece un delirio. Desde lo informativo, River no lo hará y están bancando fuerte la idea de armar un plantel completo. Coudet siente lo mismo. Claro que luego está el termómetro de la gente y del hincha en la cancha.
El tema no será la reacción de la gente; más bien, el asunto será lo que hagan Coudet, los jugadores y la dirigencia con eso mismo que pueda pasar el domingo, cuando el equipo juegue con Rosario Central.