Casos de intervención castrense y expansión de funciones estatales
La incorporación de las estructuras defensivas a las dinámicas del control interno se consolidó como una tendencia recurrente en diversos países latinoamericanos para contener el accionar de las organizaciones delictivas. Casos como el de Perú reflejan esta inclinación mediante decretos que otorgan a las Fuerzas Armadas atribuciones en el patrullaje de las vías públicas y la administración de los recintos penitenciarios. De manera similar, en territorio ecuatoriano la declaración formal de conflicto interno habilitó el despliegue castrense tras episodios de violencia en los centros de detención y medios de comunicación, generando posteriores investigaciones sobre el actuar de las fuerzas bajo custodia.
Por su parte, la experiencia mexicana evidencia un proceso prolongado donde la participación militar ha trascendido las tareas operativas de calle. A través de la creación de la Guardia Nacional y la transferencia de competencias administrativas, el estamento militar asumió progresivamente la gestión de infraestructuras clave como aduanas, aeropuertos y obras públicas. En tanto, El Salvador sostiene de forma continuada un régimen de excepción iniciado en 2022 que restringe ciertas garantías constitucionales, posicionando a los efectivos del ejército como el eje central de las detenciones masivas en las comunidades.
Enfoques alternativos y debate sobre la eficacia institucional
Frente al fenómeno de la militarización regional, un reportaje publicado por El País analiza cómo algunas naciones mantienen esquemas basados en la labor de agencias civiles e inteligencia. Costa Rica destaca como un modelo particular al carecer de Fuerzas Armadas desde mediados del siglo pasado, confiando la persecución penal y la prevención del delito a los cuerpos policiales y al sistema judicial, aun en contextos de restricciones presupuestarias y avance del narcotráfico internacional.
Los análisis de especialistas y organismos internacionales advierten que delegar el orden público en los ejércitos suele derivar en riesgos para las libertades individuales y en una escalada de la violencia, debido a que el entrenamiento castrense difiere de la formación policial. Quienes defienden el fortalecimiento institucional argumentan que la desarticulación del crimen organizado requiere una acción integral enfocada en la investigación financiera, el control judicial de las causas y la recuperación de la presencia estatal en el plano social.