Son las ex numerarias auxiliares que encabezan la causa por trata contra el Opus Dei. El 15 de septiembre le pidieron a León XIV que las reciba durante su visita a la Argentina. A 10 días de la llegada del Papa, todavía no hubo respuesta.
Son las ex numerarias auxiliares que encabezan la causa por trata contra el Opus Dei. El 15 de septiembre le pidieron a León XIV que las reciba durante su visita a la Argentina. A 10 días de la llegada del Papa, todavía no hubo respuesta.

Faltan diez días para que León XIV llegue a la Argentina, y en el Vaticano hay un pedido que sigue sin respuesta. Lo hicieron las 43 ex numerarias auxiliares del Opus Dei que denunciaron haber sido reclutadas de chicas, con la promesa de una educación superior, para trabajar durante años sin sueldo y sin descanso en las residencias de la organización. Quieren que el Papa las reciba durante su visita, entre el 8 y el 11 de noviembre.
El pedido formal salió el 15 de septiembre, según confirmó a La Redacción su abogado, Sebastián Sal: “Todavía no tuvimos respuesta ni positiva ni negativa, nada”. Y agregó una advertencia: “Lo que entendemos es que el Vaticano, si es negativo, no contesta”.
El silencio contrasta con un anuncio reciente. La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, durante la gira por Uruguay, la Argentina y Perú, el Papa se reunirá con sobrevivientes de abusos cometidos por miembros de la Iglesia. No precisó en qué país ni con quiénes.
Mientras tanto, la causa penal avanza a paso lento. La periodista Paula Bistagnino, cuya investigación derivó en la causa penal, la define como “la más importante que hay en el mundo contra el Opus Dei”. Pasaron dos años desde que la fiscalía pidió las indagatorias, y el juez federal Daniel Rafecas todavía no citó a ninguno de los cinco acusados. Uno de ellos es Mariano Fazio, el número dos de la Obra, que ya estuvo sentado frente al Papa en el Vaticano.
Para Bistagnino, autora de Te serviré y la periodista que destapó el caso, el encuentro tendría un peso particular. “Fueron buscadas por la Iglesia Católica, en nombre de la Iglesia Católica”, explicó. “El Opus Dei no les dijo: ‘Hola, somos el Opus Dei, somos esto, hacemos esto otro’, sino que a sus familias, familias católicas, pobres, de lugares rurales, les dijeron: ‘Tenemos una escuela católica para sus hijas'”.
La periodista recuerda además una frase de Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador de la Obra: las numerarias auxiliares tenían que ser “la alfombra para que los demás pisen blando”. Por eso, en su lectura, que el Papa las reciba sería dar vuelta la historia: “Ustedes nos consideraban la alfombra en la que los demás tenían que pisar blando y hoy nos recibe el Papa, que es el jefe máximo de la Iglesia Católica, también el de ustedes”. Bistagnino aclara que esa es su interpretación, no palabras de ellas.
Sal lo plantea en términos de reparación. Para las mujeres sería sanador, dijo: “Ver que la cabeza de la Iglesia las recibe, las escucha y las atiende. Cosa que, por ejemplo, el obispo acá de Buenos Aires no ha hecho”.
El abogado señala otra asimetría. El Papa ya recibió a la cúpula del Opus Dei, el prelado Fernando Ocáriz y Fazio, quien es acusado por la fiscalia en la causa. “Llama la atención que el papa los reciba a los victimarios y no reciba a las víctimas”, dijo.
Bistagnino, en cambio, lo lee como parte de la lógica de la Iglesia, que mira primero hacia adentro. “Hay que pensar que el Opus Dei es una institución que pertenece plenamente a la Iglesia Católica y que la Iglesia en ese sentido la respeta”, explicó. “Yo no conozco ningún caso en el que haya habido una denuncia contra la Iglesia y la Iglesia vaya corriendo y diga: ‘Ay, a ver, contame qué te pasó, qué te hicimos'”.
Por eso, para ella, el orden de las audiencias no sorprende: “El Vaticano hace su trabajo sobre todo de cara a su propia institución y no lo hace tanto hacia afuera, hacia la sociedad”. Lo que sí objeta es la presencia de Fazio: el Papa “quizás podría haber tenido el cuidado de recibir a Ocáriz y no a Fazio, de repente, que está acusado”. Y marca el límite: “sobre todo viniendo para acá, debería recibir a las víctimas”.
La historia no le es ajena a León XIV. En octubre de 2025 recibió a Ending Clergy Abuse (ECA), una organización internacional que lucha contra el abuso eclesiástico. Según Bistagnino, después de ese encuentro la ONG le transmitió que el Papa quería escuchar a las mujeres argentinas. En diciembre, ECA organizó una cumbre en Buenos Aires donde se escucharon sus testimonios.
Las mujeres recorrieron dos caminos:
En septiembre de 2021, representadas por Sal, presentaron una denuncia dentro de la propia Iglesia, ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el organismo del Vaticano que investiga los abusos graves. Nunca tuvieron respuesta. La causa penal en la Argentina llegó después, en 2023.
En el medio, el papa Francisco inició una reforma del Opus Dei. En 2022, con el motu proprio Ad charisma tuendum, el prelado dejó de ser obispo, la Obra pasó a depender del Dicasterio para el Clero y se le exigieron nuevos estatutos. Según Bistagnino, Francisco lo hizo “en relación justamente con las denuncias en Argentina, pero sin decirlo”. Los estatutos todavía están en estudio en el Vaticano.
En marzo, el periodista británico Gareth Gore, autor de Opus, el libro en el que denuncia cómo el Opus Dei capta jóvenes desde edades muy tempranas, cómo financió su expansión mundial y las acusaciones de explotación de mujeres, fue recibido en audiencia privada y le entregó en mano el informe de la fiscalía argentina. Según lo que Gore les contó a Bistagnino y a Sal, el Papa le dijo que había escuchado los testimonios de Buenos Aires y que no podía creer que el Vaticano todavía no les hubiera respondido la presentación de 2021. “El papa le dijo que él iba a tomar medidas y que estaba al tanto del asunto”, agregó Sal.
Por eso Bistagnino cree que un eventual silencio no se explicaría por desconocimiento: “Si no lo hace, por el camino que vienen recorriendo, es porque algo pasó y quizás estaría bien saberlo también para las víctimas”. Aun así, arriesga un pronóstico: “A mí me parece que las va a recibir”.
Las numerarias auxiliares llegaban de chicas, del interior del país y de países limítrofes. Según la causa, trabajaban sin límite de horario, durante años y hasta décadas, en condiciones de semiencierro y aisladas de sus familias. Su tarea era mantener las residencias donde viven los miembros célibes del Opus Dei.
No cobraban, y la Obra lo justificaba con el compromiso de pobreza. Antes de incorporarse en forma definitiva, además, firmaban un testamento para entregar sus bienes futuros. “Que en muchos casos era la chacrita que tenían los padres, un pedacito de tierra”, contó Bistagnino. Según la periodista, recién hace pocos años el Opus empezó a abrirles cuentas bancarias: les depositaba un sueldo y las hacía retirarlo y entregarlo a ellos mismos, o les pedía las claves de la tarjeta de débito para cobrarlo directamente. Un testimonio reciente en la causa indica que eso sigue pasando todavía hoy. En los registros de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), muchas no tienen aportes después de toda una vida de trabajo.
Irse tampoco era sencillo. “Ellas no tenían llaves de las casas en las que vivían”, explicó Paula. Algunas se escaparon y otras salieron después de “procesos de psiquiatrización muy jodidos”. Mientras tanto, cumplían un plan de vida reglado: el cilicio dos horas por día, incluso mientras trabajaban, y la disciplina, un látigo en la espalda, una vez por semana, autoflagelado por ellas mismas.
Según Bistagnino, no hacía falta una orden: “En general lo hacían porque eran parte de las reglas de vida establecidas para todas por igual”. Pero la penitencia podía aumentar. Si en la charla semanal con sus superioras confesaban alguna “fragilidad”, la respuesta podía ser: “Bueno, podés ofrecer más cilicio“.
Ellas nunca hicieron la denuncia penal. Empezaron a reencontrarse alrededor de 2012, por Facebook y por la guía telefónica, y primero reclamaron los aportes que les faltaban para jubilarse. Como el Opus no respondió, en 2021 contaron su historia en La Nación, “el diario que lee el Opus”, aclara Paula. “Ellas hicieron una denuncia mediática”, resume Bistagnino. Después, un llamado anónimo a la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) puso en marcha la investigación.
En octubre de 2024, el fiscal federal Eduardo Taiano y los titulares de la PROTEX pidieron la indagatoria de cuatro sacerdotes que fueron autoridades del Opus Dei en la Argentina. En julio de 2025 sumaron a Fazio. La fiscalía registra 44 víctimas, porque una mujer se sumó después de que el caso salió a la luz. Según Sal, el pedido de indagatoria se reiteró hace pocos días. Además, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) se presentó como amicus curiae: sostiene que no se trata solo de trata, sino de tortura física y psicológica con un componente de género.
El reloj corre. Según Bistagnino, queda un solo caso sin prescribir, el de una mujer que salió del Opus en 2015, y vence en septiembre de 2027. El Opus Dei niega las acusaciones y sostiene que “se tergiversa la verdad con fines mediáticos”.
El caso argentino es el más avanzado del mundo. En Francia, Catherine Tissier, que perteneció al Opus Dei hasta 2001, demandó a la escuela de hotelería Dosnon, vinculada a la Obra, por haberla hecho trabajar sin sueldo bajo la figura de “prácticas”. “No fue un caso penal, fue un tema laboral: una mujer que se va y le hace un juicio laboral. ¡Y lo gana, ojo, eh!”, explicó Sal. La diferencia, según Bistagnino, es que aquel juicio alcanzó a una asociación civil vinculada y nunca al Opus Dei como institución. En la Argentina, en cambio, se acusa a su cúpula. Hay otro reclamo laboral en Perú y una investigación penal en Irlanda. Pero, como resume Sal, ninguna causa penal llegó todavía a juicio ni a condena.
Si el Papa no las recibe, todavía tiene otra forma de responder. “Hasta no dando la reunión puede darle una señal a las mujeres, inclusive mandándoles un mensaje”, dijo el abogado. Bistagnino pone el límite: “Hasta el último minuto antes de que se vaya de la Argentina tiene tiempo para hacer o decir algo. Ya después es tarde”.
Trascendieron nuevos detalles de la boda de la cantante y el conductor: entre 150 y 200 invitados, un menú bien argentino y una fecha que sigue sin confirmarse. Rosemblat adelantó que pasarán por el Registro Civil y no habrá ceremonia religiosa.
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