Siete años después del atentado que conmocionó a la región, la justicia brasileña dio inicio este martes al juicio definitivo contra los presuntos cerebros detrás del asesinato de Marielle Franco y su chofer, Anderson Gomes. El proceso, desarrollado en la Primera Sala del Tribunal Supremo en Brasilia, apunta contra una red de poder político y policial que habría orquestado el ataque para frenar el activismo de la concejala en barrios vulnerables.
Entre los banquillos de los acusados sobresalen figuras de peso en la estructura estatal de Río de Janeiro: el consejero del Tribunal de Cuentas, Domingos Brazão, y su hermano, el exdiputado federal João “Chiquinho” Brazão. Junto a ellos, la Fiscalía denunció al excomisario de la Policía Civil, Rivaldo Barbosa, al expolicía militar Ronald Paulo Alves y al antiguo asesor Robson Calixto Fonseca.
La tesis de la acusación sostiene que el móvil del crimen fue estrictamente político y económico. Marielle Franco, una referente de la causa negra, feminista y LGBT+, se oponía fervientemente en el concejo municipal a proyectos de ley impulsados por los hermanos Brazão. Dichas iniciativas buscaban legalizar la apropiación de tierras por parte de las milicias, grupos paramilitares que ejercen un control violento sobre vastos sectores de la capital carioca.
El 14 de marzo de 2018, la activista de 38 años fue acribillada a balazos en el centro de Río mientras regresaba de un acto. Si bien los autores materiales ya fueron condenados a penas máximas en 2024, el juicio actual busca desarticular la estructura de mando que permitió el magnicidio. Anielle Franco, hermana de la víctima y actual Ministra de Igualdad Racial del gobierno de Lula da Silva, estuvo presente en la sala y reclamó castigos ejemplares: “No es admisible que una concejala sea asesinada”, sentenció ante la prensa.
El Tribunal Supremo ha programado dos jornadas de audiencias para definir la suerte de los implicados. Para los organismos de derechos humanos, este fallo representa una prueba de fuego para las instituciones brasileñas en su lucha contra la impunidad de las mafias territoriales y la protección de los dirigentes sociales en contextos de alta violencia política.