Genética del tabaquismo: descubren por qué algunas personas fuman menos que otras

Un estudio en Nature Communications identifica variantes en el gen CHRNB3 que reducen naturalmente el consumo de nicotina.

¿Es el tabaquismo una cuestión de mera voluntad o hay una predisposición biológica que dicta la intensidad de la adicción? Un reciente hallazgo científico, desarrollado por investigadores estadounidenses y daneses, parece inclinar la balanza hacia la segunda opción. El estudio, que analizó los genomas de casi 38.000 fumadores, reveló la existencia de variantes en el gen CHRNB3, un componente clave que interactúa con la nicotina en el cerebro. Aquellos que portan ciertas versiones de este gen tienden a fumar entre un 21% y un 78% menos que el promedio, independientemente de su intención consciente.

La investigación, destacada por la biotecnológica Regeneron y universidades de Dinamarca y California, explica que el gen CHRNB3 codifica una proteína que funciona como el “receptor” de la nicotina. En las personas con estas variantes poco frecuentes, la estructura de esa proteína es ligeramente distinta, lo que altera la respuesta del sistema nervioso central al estímulo del cigarrillo. Un dato curioso del estudio es que estas variantes protectoras se hallaron con mayor frecuencia en poblaciones de ascendencia indígena mexicana, aunque también se validaron patrones similares en biobancos de Europa y Asia.

Este descubrimiento no solo aporta claridad sobre por qué existen los “fumadores sociales” frente a quienes padecen una dependencia extrema, sino que abre una puerta farmacológica inédita. Los científicos sugieren que se podrían desarrollar medicamentos que imiten el efecto de estas variantes genéticas para ayudar a dejar de fumar. La lógica sería similar a la de los tratamientos modernos para el colesterol (inhibidores de PCSK9), que también se inspiraron en mutaciones naturales que protegían a ciertos individuos.

No obstante, los expertos advierten que la genética no es una “licencia para fumar”. Aunque estas variantes reducen la cantidad de cigarrillos diarios, no impiden que una persona comience con el hábito ni la eximen de los riesgos asociados a las 7 millones de muertes anuales que causa el tabaco. El hallazgo reafirma que, para muchos, la lucha contra el pucho es una batalla contra su propia biología, y que la solución definitiva podría llegar, en unos años, de la mano de la ciencia de precisión.

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