la rosarina de 12 años que desafía al sistema escolar con un título universitario

Lara Ghione se graduó en Community Management mientras termina el primario, visibilizando la falta de preparación docente para la neurodivergencia.

Lara Ghione
Lara Ghione

Lara Ghione tiene 12 años, vive en Rosario y, aunque legalmente aún cursa el séptimo grado, su realidad académica ya pertenece a otro nivel. En diciembre de 2025, Lara se convirtió en diplomada universitaria en Community Management por la Universidad Abierta Interamericana (UAI), validando una capacidad estratégica que asombra a adultos y académicos por igual.

Sin embargo, detrás del hito de ser una “graduada precoz”, se esconde una trayectoria marcada por la incomprensión de un sistema educativo rígido. Con un IQ de 132 (muy por encima del promedio nacional de 93), Lara y su familia debieron peregrinar por cinco colegios antes de encontrar un espacio que no la aislara. “Tenía que explicarle a las maestras que mi cerebro funciona diferente”, relata Lara, quien a los dos años ya preguntaba por los orígenes de la democracia y a los seis fue apartada de su grupo por saber demasiado.

Neurodivergencia y herencia

El caso de Lara no es aislado, sino parte de una realidad que afecta al 15% de la población mundial. La joven convive con el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) y posee Altas Capacidades Intelectuales, una condición que, según descubrió su madre, Yamila Romero, es hereditaria. A los 37 años, Yamila comprendió su propia “rareza” escolar al ser diagnosticada junto a su hija, explicando su capacidad para graduarse en tres áreas tan disímiles como el periodismo, el Project Management y la extracción de sangre.

El peso de ser “prodigio”

Pese a sus logros, Lara rechaza las etiquetas que la deshumanizan. “Me trataban como si fuera una prodigio y no me gusta. Soy una nena de 12 años”, afirma con firmeza. Esa dualidad —la de una mente capaz de gestionar marcas profesionales pero que aún sueña con su viaje de egresados a Carlos Paz— la llevó a atravesar cuadros de depresión y bullying ante la falta de herramientas de inclusión en las aulas.

Hoy, a través de sus redes sociales, Lara busca democratizar el conocimiento sobre la neurodivergencia. Su mensaje es una invitación a la reforma pedagógica: espera que su caso obligue a los docentes a capacitarse para que los futuros alumnos con mentes “en otra dimensión” no tengan que esconderse para encajar. Entre el canto, la danza y su flamante título, Lara Ghione ya no pide permiso para ser diferente; pide que el mundo aprenda a convivir con su velocidad.

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