El uso de cannabis con fines medicinales para afecciones psíquicas enfrenta hoy un duro revés científico. Un metaanálisis liderado por la Universidad de Sídney, que evaluó 54 ensayos clínicos realizados entre 1980 y 2025, concluyó que los cannabinoides no muestran una eficacia superior al placebo en el tratamiento de la ansiedad, el estrés postraumático o la depresión. El informe destaca que la calidad de la evidencia que circulaba hasta el momento es “baja” y que los riesgos asociados superan cualquier beneficio potencial.
Riesgos de psicosis y trastornos por consumo
La revisión publicada en la revista JAMA por el profesor Deepak Cyril D’Souza, de la Universidad de Yale, refuerza estas advertencias. Según el estudio, el uso de productos con alto contenido de THC (componente psicoactivo) puede disparar síntomas maníacos y psicóticos. Las estadísticas internacionales son alarmantes: aproximadamente el 30% de los consumidores recientes desarrolla un trastorno por consumo de cannabis, y en poblaciones vulnerables, el riesgo de padecer psicosis puede ser hasta 11 veces mayor.
Efectos adversos: El estudio de The Lancet registró un riesgo 1,75 veces mayor de eventos adversos en usuarios de cannabis.
Población de riesgo: Los adolescentes son los más afectados debido al impacto del THC en el desarrollo del sistema nervioso.
Concentración de THC: Expertos alertan que la potencia de la marihuana actual es significativamente más alta que hace décadas, lo que potencia los daños a la salud mental.
Alternativas validadas frente a la desinformación
Ante la falta de pruebas concluyentes sobre el cannabis, la comunidad médica internacional ratifica la vigencia de los tratamientos tradicionales. Los especialistas subrayan que existen alternativas seguras y con eficacia comprobada, tales como los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS) y la terapia cognitivo-conductual, que cuentan con décadas de respaldo científico y protocolos de seguridad establecidos.
El médico toxicólogo Carlos Damin explicó que el uso medicinal autorizado suele excluir al THC puro, centrándose en otros componentes como el CBD para patologías específicas (como la epilepsia refractaria), pero no para la salud mental general. En un contexto donde la prescripción de cannabis ha crecido, los investigadores instan a los profesionales a desalentar su uso en pacientes con antecedentes psiquiátricos, priorizando la consulta médica profesional y el seguimiento de terapias validadas.