El consumo adecuado de agua mineral, sumado a una dieta baja en sodio, permite reducir drásticamente el riesgo de hipertensión. Especialistas advierten que la deshidratación activa hormonas que contraen los vasos sanguíneos y elevan la presión.
El consumo adecuado de agua mineral, sumado a una dieta baja en sodio, permite reducir drásticamente el riesgo de hipertensión. Especialistas advierten que la deshidratación activa hormonas que contraen los vasos sanguíneos y elevan la presión.

El agua constituye casi el 60% del peso corporal y es esencial para regular la temperatura, transportar oxígeno y, fundamentalmente, controlar la presión arterial. Según investigaciones de los National Institutes of Health (NIH), una hidratación deficiente —conocida como hipohidratación— influye directamente en el desarrollo y agravamiento de la hipertensión arterial.
Mantener el organismo bien hidratado permite que los adultos desarrollen menos enfermedades crónicas cardíacas y vivan más tiempo. Por el contrario, la deshidratación reduce el volumen sanguíneo, lo que obliga al cuerpo a liberar hormonas para compensar la falta de líquido, provocando una contracción de los vasos que dispara la presión.
La gestión de la hipertensión no solo depende de cuánto líquido se ingiere, sino de la concentración de sal en el torrente sanguíneo. Cuando una persona está deshidratada, el sodio se concentra más en la sangre, lo que desencadena la liberación de vasopresina. Esta hormona ayuda a retener agua, pero su efecto secundario es la vasoconstricción, un estrechamiento de los vasos que aumenta la presión de forma repentina.
Un estudio publicado en la revista JAMA demostró que el 72% de los pacientes lograron una caída en su presión sistólica simplemente reduciendo la ingesta de sodio. Por este motivo, los especialistas recomiendan no añadir sal extra a las comidas y priorizar alimentos frescos sobre los procesados.
Para garantizar un funcionamiento cardiovascular óptimo, las Academias Nacionales de Ciencias de EE. UU. sugieren objetivos diarios de ingesta de líquidos (incluyendo agua y alimentos):
Hombres: Aproximadamente 3,7 litros diarios (unos 15,5 vasos).
Mujeres: Aproximadamente 2,7 litros diarios (unos 11,5 vasos).
Indicador de éxito: La hidratación es adecuada si la persona rara vez siente sed y la orina es incolora o amarillo claro.
Además del agua, la Clínica Mayo destaca que planes alimentarios como la dieta DASH o la mediterránea pueden disminuir la presión alta hasta en 11 mm Hg. Estos hábitos, combinados con ejercicio regular, mantenimiento de un peso saludable y manejo del estrés, forman la base de un tratamiento preventivo eficaz y natural.
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