Hace más de un siglo, las nubes de langostas eran sinónimo de catástrofe alimentaria y quiebra económica. En 1891, ante la desesperación de los productores, nació la Comisión Nacional de Lucha contra la Langosta. Hoy, ese organismo evolucionó en el programa fitosanitario más antiguo del país, cumpliendo 135 años de monitoreo ininterrumpido bajo la órbita del Senasa.
Hitos de un siglo de sanidad vegetal:
Origen: Creado en 1891 para proteger cultivos de invasiones masivas.
Alcance: Actualmente integra una red público-privada de detección temprana en todo el territorio nacional.
Cooperación: Argentina lidera estrategias en el Cono Sur (COSAVE) y colabora con la FAO y la Comisión Australiana contra la Langosta.
Tecnología: Uso de sistemas de alerta en tiempo real y reportes de campo georreferenciados.
Del “langostero” al satélite
La figura del histórico “langostero”, aquel técnico que recorría el terreno en condiciones adversas, sigue siendo el pilar del sistema. Sin embargo, la mística del trabajo de campo hoy se complementa con tecnologías de seguimiento que permiten anticipar los movimientos migratorios de la plaga, que no reconoce fronteras.
El enfoque actual es puramente preventivo: detectar los focos iniciales para evitar que las agrupaciones de insectos se conviertan en mangas incontrolables. Esta eficiencia posicionó a la Argentina como un consultor clave para organismos internacionales como el Grupo Interamericano de Coordinación en Sanidad Vegetal (GICSV).
Un desafío transfronterizo
Dado el comportamiento migratorio de la langosta, el éxito del programa depende de la cooperación internacional. Argentina coordina acciones conjuntas con países vecinos para manejar una plaga que puede trasladarse cientos de kilómetros en pocos días, devorando pasturas y cultivos a su paso.
A 135 años de sus primeras batallas, el Programa Nacional de Tucuras y Langostas demuestra que la innovación y la construcción colectiva son las únicas armas efectivas frente a una de las amenazas más persistentes de la naturaleza.