El último viaje a China: un susurro eterno en el Río de la Plata

Tras años de silencio, Soledad Silveyra y Carlos Perciavalle se reencuentran en “Paraíso”, el refugio uruguayo de la gran China Zorrilla. Un documental íntimo dirigido por Alejandro Maci que rescata la valentía de una mujer que rompió moldes y desafió proscripciones con su libertad secreta.

Hay ausencias que, paradójicamente, se sienten como una presencia constante. El próximo jueves 23 de abril, las salas de Uruguay abrirán sus puertas a una experiencia que trasciende la proyección: el estreno de “El último viaje a China”, mientras que el público de Argentina podrá sumarse a este homenaje a partir del 7 de mayo. Bajo la sensible dirección de Alejandro Maci, la película se propone como un puente emocional hacia una de las figuras más queridas e influyentes de la cultura del Río de la Plata.

El relato no busca ser una cronología fría de éxitos teatrales. Por el contrario, se construye como un diario de época, una pieza íntima contada a tres voces fundamentales. Por un lado, la propia China, cuya voz resuena a través de registros y archivos que la mantienen vigente; por el otro, sus “hijos artísticos”, Soledad Silveyra y Carlos Perciavalle. Ambos emprenden un viaje físico y espiritual hacia “Paraíso”, aquel mítico refugio uruguayo donde el tiempo parecía detenerse entre el descanso, el delirio y la creación.

Hacía demasiados años que estos dos pilares de la vida de China no volvían a cruzarse. El documental captura ese reencuentro pendiente en un sitio lleno de secretos compartidos, una morada de dioses donde la casa “ardía” de actividad cada verano. Allí, entre el perfume del mar y los recuerdos, resurge el jazz de sus invenciones, las anécdotas de giras en autos rotos por el interior y aquellas mentiras que, contadas por ella, siempre terminaban convirtiéndose en verdades absolutas.

Sin embargo, el film de Maci también se atreve a mirar detrás de la sonrisa y el carisma arrollador. En sus notas de director, Maci destaca que la libertad de China tuvo un costo: la soledad y la marginación. China recorrió su camino sin confrontaciones directas, casi en puntas de pie, pero plenamente consciente de que estaba rompiendo moldes en una sociedad que a menudo la miraba de soslayo. Fue una transgresora silenciosa, estimulada por el legado de su padre y su abuelo, quienes acompañaron su visión contracorriente.

A lo largo de sus 75 minutos, esta coproducción entre Argentina y Uruguay nos revela a la mujer que se ingenió para avanzar entre obstáculos, amenazas y proscripciones políticas, manteniendo siempre intacta su integridad artística. Con música de Mariano Loiacono y la producción de figuras como Pablo Echarri, Alfredo Caro y Luis Quevedo, la película es, en esencia, un acto de justicia poética.

“El último viaje a China” no solo celebra a una actriz excepcional; homenajea a la mujer que abrió puertas para las generaciones venideras, enseñándonos que la libertad creativa es, ante todo, un acto de valentía. Es una cita obligada para redescubrir la magia de quien, incluso después de su partida, sigue enseñándonos a mirar el mundo con ojos de aventura.

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