El presidente Javier Milei presentó formalmente en el Congreso de la Nación un proyecto para derogar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, popularmente conocida como la Ley de Etiquetado Frontal. La propuesta legislativa ingresó formalmente por la Cámara de Senadores para iniciar su correspondiente trayecto de análisis técnico en las comisiones de asesoramiento.
Claves del proyecto oficialista contra los octógonos negros:
Eliminación total de la obligatoriedad de los sellos de advertencia nutricional en envases.
Quita de restricciones publicitarias para personajes infantiles y celebridades en productos alimenticios.
Armonización regulatoria con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) como esquema técnico de reemplazo.
El texto normativo presentado por el Poder Ejecutivo lleva las firmas del mandatario nacional, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Salud Mario Lugones. El documento oficial argumenta que el sistema de etiquetado vigente posee severas limitaciones técnicas, operativas y económicas que confunden de manera sistemática a los consumidores del país.
Según los fundamentos económicos esgrimidos por la Casa Rosada, las advertencias nutricionales actuales inducen a interpretaciones simplificadas del perfil alimentario real. El oficialismo sostiene que el ordenamiento alimentario nacional ya cuenta con un sistema informativo armonizado en la región que garantiza el acceso a información objetiva y estandarizada.
Asimismo, las autoridades del Ejecutivo manifestaron que el marco legal vigente aplica limitaciones relevantes sobre actividades comerciales lícitas dentro de la industria. Desde la perspectiva oficial, las prohibiciones publicitarias sobre personajes infantiles perjudican las estrategias de mercado de las empresas locales sin generar beneficios concretos en la nutrición de la ciudadanía.
El escenario numérico y las negociaciones en el Senado
La iniciativa libertaria enfrentará un complejo panorama político debido a la debilidad numérica del oficialismo en el recinto. La Libertad Avanza cuenta únicamente con 21 bancadas propias en la Cámara alta, por lo que requerirá tejer consensos de manera obligatoria para sumar el respaldo de al menos 16 legisladores adicionales.
El debate cobra una alta relevancia histórica dado que la normativa de alimentación fue aprobada casi por unanimidad en octubre de 2020. En aquella oportunidad, el Senado convalidó la iniciativa transversal con 64 votos afirmativos y solo tres expresiones en contra, bajo el impulso original del radicalismo y el peronismo mendocino.
Las bancadas de la Unión Cívica Radical (UCR) y Propuesta Republicana (PRO) evalúan el nuevo texto legal con extrema cautela interna. Desde los bloques considerados aliados manifestaron que la derogación del etiquetado no figura entre las prioridades políticas inmediatas de sus respectivas agendas de trabajo parlamentario.
Por su parte, los representantes parlamentarios de los bloques federales coordinan posturas directas con las directivas de los gobernadores de las provincias. El voto de estos senadores independientes se convertirá en la llave estratégica para destrabar el proyecto, supeditado a la evolución de las relaciones fiscales con el Gobierno nacional.
Agenda parlamentaria saturada y rechazo opositor
Múltiples legisladores de la oposición aliada advirtieron que la actividad en las comisiones se encuentra saturada por una abultada batería de proyectos. El tratamiento de la reforma de alimentación competirá de forma directa con iniciativas de peso como la Ley de Salud Mental y las designaciones de pliegos judiciales.
A la par de estos debates, la Cámara alta gestiona el tratamiento de la denominada Ley Hojarasca y la modificación integral al Régimen de Zonas Frías. Estas normativas, orientadas a la quita de subsidios energéticos, generan una fuerte resistencia en los distritos del interior por su impacto directo en el costo de los servicios.
Finalmente, los sectores de la oposición tradicional rechazaron fuertemente el avance de la propuesta enviada por el palacio gubernamental. Los legisladores opositores catalogaron la iniciativa como una concesión ideológica frente al lobby empresarial alimenticio, denunciando la total ausencia de estadísticas públicas que convaliden un retroceso en materia sanitaria.