El inicio de la semana estuvo marcado por una fuerte escalada de tensión militar en Medio Oriente, luego de que Irán lanzara misiles contra territorio israelí. Este acontecimiento constituye el primer ataque directo entre ambos países tras la tregua acordada en abril con Estados Unidos, lo que encendió las alarmas globales sobre el suministro energético y la estabilidad regional.
Reacción en los mercados
La respuesta inicial de los precios del crudo fue inmediata. El barril de Brent, referencia internacional, trepó un 3,4% hasta los US$ 96,24 en las primeras operaciones, mientras que el West Texas Intermediate subió un 3,3% hasta los US$ 93,52. Aunque durante la rueda europea el Brent llegó a escalar cerca de un 5%, el precio se moderó posteriormente hacia una suba del 1,5% tras señales de que Teherán daba por concluida su operación militar.
El impacto en los mercados asiáticos fue severo y generalizado debido a la aversión al riesgo. El índice Nikkei de Japón retrocedió cerca de un 4%, mientras que el Kospi de Corea del Sur sufrió una caída superior al 8%, arrastrado por el desplome de gigantes como Samsung y SK hynix. Asimismo, mercados como Taipéi, Hong Kong, Shanghái y Singapur reportaron pérdidas significativas, con Taiwán particularmente afectado por una caída del 3,5% en sus acciones tecnológicas.
Factores de presión en el sector tecnológico
La debilidad en Asia no fue provocada únicamente por el conflicto geopolítico. El mercado ya arrastraba el golpe de la jornada anterior en Wall Street, donde el índice Nasdaq perdió un 4,2% debido a ventas masivas en compañías de chips e inteligencia artificial. Esta corrección se alimentó de dos factores: las decepcionantes perspectivas financieras de Broadcom y un informe de empleo en Estados Unidos más sólido de lo previsto, el cual reavivó los temores de que la Reserva Federal mantenga las tasas de interés elevadas por un tiempo prolongado.
Perspectivas y resiliencia
A diferencia de la volatilidad en Asia, los mercados europeos lograron contener el impacto inicial, con el índice Stoxx 600 operando casi sin cambios gracias a una menor exposición al sector tecnológico y una mayor presencia de empresas energéticas. Por su parte, los futuros en Estados Unidos mostraron señales de recuperación, con el Nasdaq y el S&P 500 apuntando hacia un rebote técnico.
Analistas como Lars Skovgaard, de Danske Bank, calificaron el ajuste como una “corrección saludable” más que como el preludio de una crisis mayor. No obstante, el temor persiste: el petróleo se mantiene en el centro de la escena, ya que cualquier escalada adicional en Medio Oriente podría presionar la inflación global y complicar las estrategias monetarias de los principales bancos centrales.