Arqueología cinéfila: el rescate histórico, a cargo de Fernando Martin Peña

El archivista Fernando Martín Peña y la investigadora Sofía Elizalde recuperaron una enorme y valiosa colección de películas en 35mm oculta en una cava mendocina.

La trayectoria de Fernando Martín Peña lo posiciona como el máximo referente de la resistencia cinéfila en la región y un procer cultural. Además de su destacada gestión en el Malba y su recordada labor como divulgador en el ciclo televisivo Filmoteca, temas de cine, Peña alcanzó la consideración mundial en 2008 al protagonizar uno de los hitos arqueológicos más importantes del siglo: el hallazgo de la versión completa y perdida de Metrópolis, la obra maestra de Fritz Lang. Su vida profesional está marcada por una incansable militancia por el rescate de cintas en peligro de extinción, transformando archivos olvidados en piezas vivas de la cultura y demostrando que el coleccionismo es, ante todo, un acto de preservación histórica.

Para Fernando Martín Peña, la vida transcurre entre clasificar fragmentos de la realidad y ordenar los misterios de la noche. El reconocido historiador, archivista y director de Malba Cine sacó a fines de 2025 su libro Sueños, editado por Híbrida donde compila sus propias experiencias oníricas. Allí, personajes de la cultura pop como Buster Keaton, Jerry Lewis o Mick Jagger se cruzan en relatos tan absurdos como entrañables. Sin embargo, la obsesión de Peña por el archivo no se limita a esa “zona liberada” que ocurre en las ficciones con los ojos cerrados. Su verdadera vigilia está consagrada a salvar el patrimonio cinematográfico material, una tarea que a veces adopta ribetes tan extraordinarios como los de su propia literatura.

El último gran capítulo de esta cruzada se escribió bajo el nombre de la Colección Rutini-Elizalde. Todo comenzó gracias al dato fortuito de una alumna, que puso sobre aviso a la investigadora Sofía Elizalde. A partir de esa valiosa pista inicial, Elizalde gestionó con éxito la compra de una impresionante e insólita cantidad de material cinematográfico en formato 35mm, el cual se encontraba alojado en el interior de una antigua cava de vino en la localidad de Chacras de Coria, Mendoza.

Llevar a cabo el rescate de estas cintas históricas demandó una logística milimétrica y un gran esfuerzo colectivo. El primer desafío consistió en reunir los fondos necesarios para concretar la adquisición de las latas. Una vez asegurado el dinero, Peña y Elizalde viajaron a Mendoza por el día, decididos a poner a resguardo aquel valioso tesoro oculto entre las antiguas paredes de la tradicional bodega.

Así estaba el material hallado en Mendoza
Así estaba el material hallado en Mendoza

Para el traslado, contrataron un flete de dimensiones colosales; un vehículo lo suficientemente grande, según describieron los protagonistas, como para albergar a un King Kong acostado. Las tareas de carga en Chacras de Coria se realizaron con la valiosa predisposición de los vendedores y la colaboración de voluntarias locales que amenizaron la jornada sirviendo mate con tortitas mendocinas. El vendedor de la colección resultó ser Marcelo Rutini, integrante de la célebre dinastía vitivinícola. Rutini comparte con los archivistas una misma encrucijada cultural: su gran anhelo es transformar su hermosa propiedad en un museo, aunque actualmente no logra conseguir el apoyo institucional indispensable para materializarlo. Una dura realidad que Peña y su entorno conocen a la perfección por su labor.

Tras concretar el pago de la operación, el gigantesco camión emprendió el regreso hacia Buenos Aires. Al llegar a la histórica sede de la Filmoteca, el operativo contrarreloj se intensificó ante la amenaza del clima. Un nutrido grupo de integrantes de la asociación de Amigos de la Filmoteca brindó su ayuda desinteresada para realizar la descarga de las pesadas latas antes de que comenzara la intensa lluvia. Una vez que el material quedó a salvo bajo techo, el equipo celebró el éxito de la travesía compartiendo mate y quesos entre todos los colaboradores.

Con las latas finalmente en Buenos Aires, comienza ahora la etapa más compleja y minuciosa de la preservación. Casi todas las viejas latas tienen el título borrado, lo que obliga a los especialistas a revisar el material cinta por cinta. Los objetivos inmediatos del archivo consisten en identificar a qué película pertenece cada fragmento, aguardar a que aparezcan con el tiempo las 9 o 10 latas complementarias requeridas para completar cada obra, ingresar los títulos al catálogo oficial, revisarlos técnicamente y, finalmente, proyectarlos de forma pública para el disfrute de la comunidad cinéfila local.

Esta combinación única de azar, arqueología cultural y pasión colectiva conecta de manera directa con la profunda sensibilidad de Peña. Así como en su maravillosa faceta literaria se dedica a rescatar los retazos dispersos de su memoria nocturna para transformarlos en cuentos donde conviven directores de cine y estrellas de rock, en su compleja profesión diaria persigue la reconstrucción de la memoria histórica a través del celuloide. La Colección Rutini-Elizalde ya descansa segura en los anaqueles, esperando pacientemente el momento exacto en que esas imágenes mudas vuelvan a encender la magia de la pantalla grande.

Fernando Martín Peña en su ciclo de la televisión pública
Fernando Martín Peña en su ciclo de la televisión pública

Este rescate artesanal en Mendoza vuelve a poner de manifiesto una problemática estructural: la alarmante ausencia de una Filmoteca Nacional plenamente operativa en la Argentina. A pesar de poseer una de las industrias cinematográficas más ricas, influyentes y antiguas de América Latina, el patrimonio audiovisual del país se encuentra en un estado de vulnerabilidad crítica debido a la falta de una implementación efectiva de la Ley 25.119, sancionada en 1999 para la creación de una Cinemateca Nacional. Sin un espacio estatal centralizado que cuente con el presupuesto y la tecnología necesarios para combatir el deterioro químico del celuloide, la memoria fílmica argentina depende casi exclusivamente del voluntarismo, el financiamiento privado y el esfuerzo de guardianes independientes que corren contra el reloj de la desidia institucional.

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