La imprenta estatal fabricará 700 millones de nairas ante la inactividad de sus plantas locales, mientras el Banco Central importa pesos y se evalúa su privatización.
La imprenta estatal fabricará 700 millones de nairas ante la inactividad de sus plantas locales, mientras el Banco Central importa pesos y se evalúa su privatización.

La fisonomía operativa de la Casa de Moneda sufrirá un vuelco inesperado que combina la paradoja económica con la supervivencia industrial. Según reveló BAE Negocios, la compañía estatal cerró un acuerdo internacional para reactivar sus líneas de producción, aunque el destino del nuevo circulante no será el bolsillo de los ciudadanos locales. Las maquinarias volverán a encenderse para abastecer a Nigeria, mediante la confección de 700 millones de billetes de curso legal en esa nación africana.
El salvavidas comercial se estructuró bajo un esquema a mediano plazo que garantizará la ocupación de la capacidad instalada por un término de entre 18 y 24 meses. Esto ocurre bajo una marcada paradoja: mientras la imprenta oficial fabrica divisas extranjeras, el Banco Central (BCRA) mantiene su política de importar billetes nacionales de China y Malta. Paralelamente, el Gobierno evalúa sumar la entidad al programa de privatizaciones, un plan que aún no posee un cronograma formal de ejecución.
El convenio se instrumentó bajo la modalidad de contratación a “fasón”. Bajo este formato de manufactura por encargo, la Casa de Moneda aportará sus plantas de Retiro y la ex-Ciccone Calcográfica, incluyendo maquinaria y mano de obra. Por su parte, la contraparte internacional asumirá la responsabilidad de suministrar la totalidad de la materia prima, los esquemas de diseño y las pautas técnicas requeridas. La trastienda del negocio involucra a grandes jugadores mundiales:
El origen: Responde a compromisos de De La Rue, la firma británica que acuña el dinero del Banco de Inglaterra hasta 2028.
El nexo global: La firma inglesa fue adquirida por el fondo estadounidense Atlas, que retiró sus acciones de Londres y reestructuró su esquema operativo.
La oportunidad: Tras detectar la capacidad ociosa local, técnicos británicos visitaron el país para sellar el acuerdo definitivo.
La necesidad de subcontratar la impresión surge de la severa crisis socioeconómica de Nigeria entre 2022 y 2023. En aquel entonces, el Banco Central nigeriano, comandado por Godwin Emefiele, dispuso un agresivo rediseño de las denominaciones de 200, 500 y 1.000 nairas. Sin embargo, la determinación de quitarle validez legal a las antiguas emisiones en un plazo de tres meses desbordó los canales logísticos del país. La falta de billetes nuevos paralizó el comercio en una sociedad con altísima dependencia del efectivo para comprar comida y medicamentos. Los cajeros automáticos se vaciaron, desencadenando violentas protestas civiles y enfrentamientos. Tras sucesivas prórrogas, la Corte Suprema de Nigeria dictaminó la vigencia indefinida de los viejos papeles monetarios para aplacar la corrida cambiaria, obligando a reordenar los contratos de abastecimiento con firmas como De La Rue.
Para la Casa de Moneda, este contrato represents un respiro indispensable tras la drástica pérdida de mercado doméstico. La debacle comenzó en 2024, cuando el BCRA, bajo la dirección de Santiago Bausili, resolvió excluir a la imprenta local de las licitaciones oficiales. La situación se agravó en octubre de ese año con la revocación parcial de los contratos vigentes, lo que derivó en la parálisis absoluta de la fabricación de pesos en noviembre. Desde entonces, el abastecimiento de la moneda local quedó monopolizado por firmas extranjeras como China Banknote Printing and Minting y Crane Currency Malta. El impacto financiero fue demoledor: un informe de julio de 2025 indicó que las cancelaciones del Banco Central representaban más del 90% de los ingresos de la sociedad a fines de 2023. Actualmente, la entidad local subsiste mediante servicios menores de almacenamiento para la autoridad monetaria, mientras el BCRA avanza con nuevas licitaciones internacionales para 2027. De este modo, aunque el establecimiento mantenga el ruido de sus rotativas, su futuro institucional continúa atado a las definiciones de reestructuración estatal que el Poder Ejecutivo nacional mantiene bajo estricto análisis.
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