Del Reino Unido de Thatcher al la gestión Starmer: así cambió Inglaterra

Un encuentro futbolero reaparece en Atlanta con un adversario muy distinto al de 1986. El país de la Dama de Hierro y la Guerra de Malvinas se transformó: Brexit, crisis económica, inmigración y desafección hacia la Corona.

La Selección Argentina jugará este miércoles una semifinal histórica del Mundial con una Inglaterra que ya no es la misma que enfrentó a Maradona hace 40 años. El Reino Unido de Margaret Thatcher, consorte entonces de un amplio apoyo social, era un imperio envejecido pero con influencia global. Hoy, bajo el gobierno del laborista Keir Starmer, los británicos viven otra realidad: una economía más débil, un Brexit traumático, migraciones masivas y una monarquía en piloto automático.

Economía y Brexit: A partir de la década de 1980, el Reino Unido pasó de ser una potencia industrial a una economía concentrada en la City de Londres y los servicios financieros. Esta transformación, impulsada por Thatcher, dejó regiones enteras en declive mientras Londres captaba casi toda la riqueza del país. La decisión de abandonar la Unión Europea en 2016 profundizó el desequilibrio: los expertos calculan que hoy la economía británica es entre un 4% y un 8% más pequeña de lo que habría sido si se hubiera mantenido en el bloque. Muchos prometían “350 millones de libras extra para salud” (el famoso slogan del autobús del Brexit), pero la realidad es que el Producto Interno Bruto no repuntó. Al contrario, el crecimiento se estancó y la inflación disparó el costo de vida. Los comerciantes se siguen quejando de trabas burocráticas para exportar a Europa, ya que ahora hay fronteras administrativas con la UE que antes no existían.

Cansancio con el Brexit: Incluso en las encuestas crece el arrepentimiento. En sondeos recientes de Ipsos, el 52% de los británicos querría volver a unirse a la UE, mientras sólo el 33% apoya seguir fuera. Otro 48% cree que la salida “ha ido peor de lo esperado”, frente a apenas un 9% que piensa que ha sido beneficiosa. Las consecuencias del Brexit siguen visibles: crecieron políticas antiinmigración y se intentó “volver a tomar el control”, pero millones de trabajadores extranjeros siguen siendo clave para la economía (en sectores como salud y construcción). La paradoja es que el modelo económico actual necesita mano de obra calificada que el propio electorado percibe como un problema.

Inmigración y sociedad: En las últimas décadas, la composición demográfica del Reino Unido se ha vuelto mucho más diversa. Tras el Brexit, muchos europeos del Este se fueron del país, pero fueron reemplazados por migrantes de África, Asia y otras regiones de la Commonwealth. Esto modificó el mapa electoral y tensó el debate social. Por un lado, hay demandas de controlar la inmigración; por otro, la economía depende de esos trabajadores. De hecho, el envejecimiento de la población obliga a seguir incorporando extranjeros para sostener el sistema de salud y servicios básicos. La brecha generacional es notable: mientras los mayores de 55 años siguen apoyando mayormente la monarquía, los jóvenes están divididos y muchos preferirían un sistema republicano.

Estancamiento y fragmentación política: La economía británica pasó por casi veinte años de bajo crecimiento y salarios estancados. La crisis del costo de vida (inflación, energía) ha generado malestar. Esto se reflejó en la política: el sistema bipartidista quedó sacudido por la fractura de los laboristas y conservadores. Surgieron partidos como Reform UK (de Nigel Farage) en la derecha, además de una nueva fuerza verde y otros independistas regionales. La inestabilidad fue tal que en sólo diez años hubo seis primeros ministros diferentes (de Cameron a May, Johnson, Truss, Sunak y ahora Starmer). Un ritmo impensado hace cuatro décadas, cuando Thatcher gobernó sin interrupciones de 1979 a 1990.

Corona y Monarquía: Si en 1986 la Corona gozaba de apoyo unánime bajo Isabel II, la escena actual es otra. La muerte de la princesa Diana en 1997 fue un shock que debilitó la imagen real. Más tarde, escándalos familiares (el príncipe Andrés, la fuga de Harry y Meghan) erosionaron la confianza. Cuando Carlos III subió al trono en 2022, inicialmente su popularidad llegó al 90%, pero ese “auge” no duró. A la luz de una reciente encuesta de Ipsos, sólo el 55% de los británicos quiere mantener la monarquía, su nivel más bajo en más de 30 años. Entre los jóvenes (18-34), apenas un 33% apoya la institución, contra el 74% de 2013. Sin embargo, analistas de la UCEMA destacan que la Corona sigue navegando “en piloto automático”: aunque ha perdido el rol central de antes, continúa como un símbolo de unidad y una marca fuerte para el turismo británico.

Menos influencia global: En conjunto, estos cambios dejan a Gran Bretaña con menos margen en el mundo que cuatro décadas atrás. Ya no es la superpotencia global que lideraba alianzas económicas y militares, sino un país en búsqueda de reubicación. Tras el Brexit, Londres pierde influencia ante Bruselas y Washington, aunque intenta reeditar lazos a su manera. La reciente guerra en Ucrania mostró que finalmente el Reino Unido sigue coordinando con Europa en defensa, pese a haberse ido de la UE. En el Sur, por supuesto, la herida de Malvinas permanece: para muchos argentinos, Inglaterra trae en su ADN el recuerdo de una guerra reciente. Para los británicos, en cambio, aquella guerra parece cada vez más lejana, al igual que aquel partido de fútbol de 1986.

 

Rattin y el episodio de la bandera
Rattin y el episodio de la bandera

Dos épocas, dos equipos: Cuando ruede el balón en Atlanta, Argentina e Inglaterra volverán a cruzarse por el fútbol, pero lo harán en contextos muy distintos. La camiseta inglesa ya no representa la corona invencible de los Thatcher, sino un país golpeado por crisis internas. En la capital del Reino Unido hay desencanto y debates (sobre economía, inmigración, monarquía), mientras que en Buenos Aires se vive un fervor nacionalista y de memoria – alimentado también por el recuerdo de Malvinas. Quizás por eso este clásico futbolístico revive pasiones más allá de la cancha: aquí, la rivalidad y la historia se combinan, y los argentinos esperan con orgullo que el duelo futbolístico les deje una nueva victoria histórica.

Fuente: Fuentes académicas y periodistas especializados coinciden en que el Reino Unido actual se aleja mucho del perfil de los 80. Estudios recientes muestran que el Brexit no cumplió sus promesas y que la mayoría de la población ya querría revertirlo, mientras crece el desencanto con la monarquía. Estos datos ayudan a entender por qué la Inglaterra que enfrentará Argentina hoy es profundamente diferente a la de la última gran riña deportiva en 1986.

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