Castrar a un perro: todo lo que debes saber

Ante el debate sobre la salud canina, veterinarios advierten que la castración no debe aplicarse de forma automática. Aunque previene la reproducción, la cirugía altera el equilibrio hormonal, modificando la conducta y el metabolismo de los animales.

Perro recuperándose de una castración. Foto: Web.

Múltiples factores definen el procedimiento

La castración y la esterilización representan dos procedimientos quirúrgicos con consecuencias médicas distintas. Mientras la castración consiste en la extirpación total de los órganos reproductivostestículos en machos y ovarios con o sin útero en hembras—, la esterilización limita su alcance a la ligadura o corte de los conductos deferentes o trompas de Falopio.

Esta última opción impide la reproducción sin alterar la producción de hormonas sexuales. La intervención de castración se realiza bajo anestesia general y exige un ayuno previo de doce horas, además de cuidados postoperatorios que limitan la actividad física durante aproximadamente diez días.

El impacto sobre el organismo canino abarca variaciones metabólicas y estructurales. Al eliminar la fuente principal de estrógenos y testosterona, disminuye el gasto metabólico, lo que incrementa el riesgo de sobrepeso en razas como el labrador retriever, cocker y beagle.

Asimismo, las perras de razas grandes con un peso superior a 20 kilos exhiben una mayor probabilidad de desarrollar incontinencia urinaria por el debilitamiento del esfínter de la uretra.

Estudios veterinarios indican que la prevención de tumores mamarios y tumores testiculares mediante la castración solo resulta efectiva si la cirugía se realiza antes de los dos años de edad; sin embargo, intervenciones muy tempranas pueden favorecer la aparición de patologías en el aparato locomotor y ciertos tipos de neoplasias en hueso, bazo y corazón.

Mitos sobre la conducta canina

El ámbito del comportamiento canino motiva frecuentes consultas operatorias en las clínicas veterinarias. La extirpación de gónadas disminuye conductas directamente ligadas al impulso sexual, entre las cuales figuran el vagabundeo, el marcaje por dominancia y la agresividad hacia otros machos en presencia de hembras en celo.

No obstante, los especialistas señalan que la cirugía no corrige problemas derivados de una educación deficiente, falta de socialización o miedos preexistentes. “Si el comportamiento que nos molesta de nuestros peludos tiene una raíz emocional, lo más probable es que la castración no lo solucione”, afirman los expertos en etología canina.

Para evaluar los efectos de la baja de testosterona en los machos antes de un procedimiento irreversible, la medicina veterinaria dispone del chip de castración química, un dispositivo temporal que simula los efectos de la cirugía. La viabilidad del tratamiento exige ponderar la raza, la edad, el peso y el historial de salud de cada ejemplar, descartando la aplicación de protocolos estandarizados.

El abordaje de la salud reproductiva canina evoluciona hacia una medicina personalizada donde las leyes de bienestar animal y el criterio profesional deben confluir. ¿Hasta qué punto las decisiones sobre la salud de los animales responden a sus necesidades biológicas reales y no al confort de sus tutores?

 

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