La locura que se generó con la clasificación de Platense a cuartos de la Libertadores expone que solo las sorpresas pueden cambiar el rumbo de las cosas. La lógica sigue teniendo ritmo de samba brasileña, tal como sucede hace una década.
La locura que se generó con la clasificación de Platense a cuartos de la Libertadores expone que solo las sorpresas pueden cambiar el rumbo de las cosas. La lógica sigue teniendo ritmo de samba brasileña, tal como sucede hace una década.

Tal como viene pasando desde hace 10 años, los equipos brasileños siguen siendo los dueños de la Copa Libertadores de América. Veamos: ocuparon el 50% de los primeros 4 puestos, el 65% en las finales y, en las últimas 7 definiciones, por ejemplo, 12 de 14 equipos fueron brasileños. Huelga agregar que esas 7 finales las ganaron siempre ellos. Hay que remitirse al 2018 cuando la ganó River para encontrar un ariete diferente. Así, cuesta pensar que en esta edición algo cambie por cómo viene el panorama.
No hay registro desde que se juega esta Copa en los años 60 de semejante superioridad. Como advertimos, esta del 2026 no parece muy diferente. A falta de una fecha para cerrar el cuadro de cuartos ya están adentro: Palmeiras, Flamengo y Fluminense, y tienen chances de entrar Mirasol y Corinthians. Estudiantes, la sorpresa de Platense y el posible batacazo que pueda dar Central ante Corinthians en San Pablo meten la cola en el asunto, pero con las chances complicadas.
Otro dato, que Boca y River anden rasqueteando un poco de gloria en la Copa Sudamericana —donde los brasileños casi que la desprecian—, suma más volumen a esa música de bossa nova. Por eso se está poniendo cada vez más lejana la chance de que un equipo argentino gane la Copa Libertadores y, más allá de que el fútbol nacional siga teniendo los mejores jugadores del mundo, a los clubes les cuesta todo si de torneo continental mayor se habla.
Es que los equipos brasileños se convirtieron en multinacionales capaces de invertir a nivel europeo con tal de posicionar a sus instituciones en la élite. Por eso se llevan a los mejores entrenadores del mundo, por eso contratan a los mejores jugadores de Sudamérica e incluso se animan a sumar figuras europeas. Entonces, cuando llega el momento de los partidos definitorios, siempre terminan ganando. Puede haber una sorpresa o algo sacado de libreto, pero la Libertadores sigue siendo como un Brasileirao ampliado.
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