Detuvieron en un hotel porteño a “Iván”, principal sospechoso por la muerte de una joven en Retiro luego de pactar un encuentro íntimo. La Justicia lo investiga además por el brutal femicidio de una mujer en Córdoba, con idéntico patrón.
Detuvieron en un hotel porteño a “Iván”, principal sospechoso por la muerte de una joven en Retiro luego de pactar un encuentro íntimo. La Justicia lo investiga además por el brutal femicidio de una mujer en Córdoba, con idéntico patrón.

Una investigación contrarreloj que involucró a fuerzas policiales de dos provincias derivó en un operativo certero en pleno centro porteño. Las autoridades de seguridad lograron capturar a un hombre conocido bajo el alias de Iván, señalado como el último individuo que compartió la noche con la joven trabajadora sexual hallada muerta en un inmueble del barrio de Retiro. El sospechoso, a quien le seguían el rastro paso a paso, se refugiaba en un alojamiento situado sobre la calle Perón, donde finalmente fue reducido y puesto a disposición de la fiscalía interviniente para aclarar su presunta responsabilidad en una secuencia criminal estremecedora.
La detención encendió de inmediato las alarmas de los gabinetes periciales, ya que el accionar del individuo no se limitaría al trágico episodio ocurrido en suelo porteño. Desde la provincia mediterránea viajaron cruces de datos urgentes que sitúan al capturado en el centro de la pesquisa por el sangriento asesinato de una empleada comercial en el barrio Cofico de la capital cordobesa. Los ministros del área de ambas jurisdicciones coordinaron acciones conjuntas para exponer ante la sociedad las evidencias que emparentan los dos expedientes bajo la escalofriante sombra de un agresor serial.
El derrotero que destapó el accionar del capturado en Buenos Aires comenzó el último fin de semana cuando la víctima, de veintisiete años, acordó reunirse con el cliente a través de una página digital especializada en servicios íntimos. El punto de reunión pactado fue un departamento temporario ubicado en la calle Libertad, a escasos metros de la sede de los servicios de inteligencia. Ambas colegas del rubro contaban con un pacto de cuidado mutuo mediante el envío de mensajes periódicos para chequear que todo marchara sobre rieles; sin embargo, al cortarse abruptamente la comunicación en plena madrugada, la intranquilidad se transformó rápidamente en desesperación.
Con el auxilio urgente de un cerrajero para forzar los accesos de la vivienda, una allegada ingresó a primera hora de la mañana y descubrió el peor escenario posible. La joven descansaba sin signos vitales encima de la cama, cuidadosamente cubierta con una tela blanca, en un ambiente llamativamente ordenado pero despojado de su teléfono móvil. Aunque a simple vista los forenses no advirtieron desorden ni golpes contundentes en la escena, la ausencia del aparato telefónico confirmó la sospecha de una maniobra intencional para ocultar comunicaciones y demorar la identificación de quien había pagado por la cita.
Mientras la Policía de la Ciudad rastreaba las cámaras de seguridad para ubicar al prófugo, los detectives de la Policía de Córdoba ya trabajaban sobre un rompecabezas casi idéntico. En la docta, los barrenderos urbanos habían emitido una alerta tras dar con un bolso arrojado en un contenedor de basura con rastros hemáticos, cabello postizo y una etiqueta personal a nombre de una chica de veintiocho años que trabajaba en una tienda textil céntrica y que no respondía a los llamados desde el inicio de la semana.
El cuadro macabro se terminó de confirmar cuando los uniformados irrumpieron en un departamento alquilado en bulevar Las Heras. Allí, al igual que en el caso porteño, la víctima yacía recostada sobre su lecho con una sábana encima, evidenciando múltiples agresiones punzocortantes en la zona cervical y en las extremidades. Al constatar que el agresor también se había esfumado llevándose el celular de la joven, las llaves del domicilio y el equipaje que luego tiró a pocas cuadras, los investigadores ataron cabos entre ambas escenas del crimen, convencidos de que estaban tras los pasos de un mismo individuo implacable en su forma de operar.
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