Entre pozos récord y caminos que se deshacen como papel
Desde las oficinas de las grandes compañías aseguran que los números gordos de extracción no sentirán el golpe gracias a los turnos rotativos y las cuadrillas que ya estaban adentro antes de que el cielo se cayera a pedazos. Sin embargo, en el terreno de las obras complementarias y la ampliación de nuevos bloques hacia el norte de la cuenca, las tareas de montaje y perforación quedaron totalmente paralizadas por la imposibilidad de ingresar insumos básicos. El contraste resulta abrumador: mientras la industria festeja estar arañando el millón de barriles diarios y se anuncian inversiones multimillonarias en las exposiciones petroleras, bastaron un par de jornadas de lluvia intensa para que las conexiones terrestres más transitadas quedaran partidas al medio.
El desgaste de las trazas no es ninguna novedad para los vecinos de Añelo ni para quienes recorren a diario los enlaces hacia Rincón de los Sauces. A los baches históricos y el asfalto deformado por el peso constante de los equipos pesados, el temporal le sumó lagunas de barro y derrumbes de banquina. Las obras recientes de circunvalación financiadas en conjunto con aportes privados sirvieron para aliviar el casco urbano de los pueblos más saturados, pero la red vial periférica sigue mostrando fisuras críticas que amenazan la seguridad de quienes viajan a diario por trabajo o por necesidad familiar en toda la comarca petrolera.
El trajín de las arenas y la pelea federal por los recursos viales
El impacto de este cuello de botella excede las fronteras de la provincia anfitriona y se siente con fuerza en las rutas de paso del interior argentino. Por los caminos pampeanos, por ejemplo, más de mil transportes pesados cargados con arena especial marchan todos los días desde el Litoral hacia el epicentro hidrocarburífero, dejando a su paso pavimentos agrietados que los lugareños ya apodan senderos intransitables. Este continuo trajín abrió viejas discusiones políticas entre provincias, impulsando reclamos para cobrar tasas de peaje al transporte de carga y acelerar propuestas para subir esos insumos al tren de carga o al transporte fluvial antes de que las calzadas colapsen definitivamente.
En el plano institucional, la administración neuquina intenta apurar nuevos convenios con el sector privado para comprometer fondos de regalías anticipadas en la repavimentación de cientos de kilómetros clave. Aun así, la fuerza de la tormenta puso en evidencia el atraso estructural, demostrando que ninguna proyección económica funciona si la gente común y los trabajadores esenciales tienen que arriesgar la vida cada vez que el clima se sale de madre. Cuando el agua baje y el barro comience a secarse, el rugido de los motores volverá a copar la estepa, pero la advertencia del temporal ya quedó grabada en cada bache del camino.