A pocos días de la llegada del Papa León XIV, Luis Astorga, carpintero de profesión, relata la intimidad de haber fabricado en su taller de barrio Las Palmas los dos sillones de paraíso que utilizará el pontífice en Córdoba.
A pocos días de la llegada del Papa León XIV, Luis Astorga, carpintero de profesión, relata la intimidad de haber fabricado en su taller de barrio Las Palmas los dos sillones de paraíso que utilizará el pontífice en Córdoba.

La inminente visita del Santo Padre a tierras cordobesas revive una emoción que la provincia no experimentaba desde la histórica visita de Juan Pablo II en la década de ´80.
En este clima de expectativa y fervor popular, los preparativos demandan la convergencia de la devoción y el talento local. Uno de sus protagonistas más silenciosos y trascendentes es Luis Astorga, un artesano con más de cuatro décadas en el oficio de la carpintería, cuyo taller en barrio Las Palmas se convirtió en el punto de origen de los dos sillones oficiales que el sucesor de Francisco ocupará durante sus celebraciones en la Catedral y en el predio de FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones).
En esta charla en exclusiva con La Redacción, Astorga comparte la trastienda de un encargo que combinó precisión ergonómica, maderas autóctonas y el orgullo de toda una comunidad.
Hace 27 años tiene su taller en barrio Las Palmas y más de cuatro décadas en el oficio. Cuando sonó el teléfono y, a través del padre Juan, se enteró que el encargo era nada más y nada menos que para el papa León XIV, ¿qué fue lo primero que se le cruzó por la cabeza?
La verdad que no lo podía creer. Pensé hasta que me estaban jugando una broma de algún amigo mío, pero no, no era así. Cuando me di cuenta, fue una sorpresa muy grande. Nunca pensé realizar un trabajo de estos y sobre todo para el Papa. Fue una mezcla de sensaciones: alegría, asombro, de no creerlo. Pero a pesar de todo, algo muy lindo. Ya lo realizamos, lo terminamos hace como dos o tres semanas y, hasta el día de hoy, todavía no puedo creer que hayamos hecho unos sillones donde se va a sentar el Papa.
Eligió trabajar con madera de paraíso, conocida por su fuerza y la belleza de sus vetas. ¿Qué busca transmitir con ese material y qué siente que le aporta a un asiento papal?
Primero, que es una madera muy nuestra. Aparte, tiene sus características: es una madera muy segura, semidura, y tiene muy linda vista. La veta es muy dibujada, vos la ves y se nota la calidez de la madera; por eso elegí paraíso.
El tapizado es de pana blancanieves. ¿Cómo fue el cuidado de ese color durante el proceso de armado?
Los pasos fueron los siguientes: empezamos todo lo que es la estructura de madera; cuando estuvo terminada, la lustramos y se la mandamos al tapicero para que él lo tapice con mucho cuidado. Él también tenía que cuidar mucho la madera que ya estaba lustrada. Es menos riesgoso tapizar que fabricar el sillón mientras se está tapizando. Primero se hizo la madera y luego se lo entregamos al tapicero para la terminación.
En cuanto a los detalles anatómicos y de confort, ¿qué tuvo en cuenta al calcular la altura, el respaldo y la firmeza del asiento?
La parte anatómica es algo universal en lo que uno tiene que tener ya predispuesto el ángulo del respaldo para que no sea ni muy inclinado ni muy recto. Hicimos una prueba piloto con varias inclinaciones para ver cuál era la más adecuada y elegimos esa. Con respecto a las medidas, son universales, pero en este caso, como es un sillón para el Papa, tomamos las medidas de él. Buscamos en internet la altura que tenía y nos manejamos con la altura del asiento, el ancho y la profundidad. Ellos me mandaron una foto con medidas, pero no el ángulo del respaldo en grados. Con la altura que me habían pedido en un principio, vimos que quedaba medio alto para su contextura física, así que la reformamos y la bajamos un poco. En el ancho y la profundidad anduvimos bien porque son medidas estándar.
Muchos grandes carpinteros suelen dejar una marca secreta o algún detalle escondido en las uniones. ¿Le dejó algún mensaje, firma o bendición grabada a los sillones?
No, la verdad que no. Alguno me preguntó si el sillón tenía alguna impronta mía, pero no le hice ningún detalle que se pueda decir «esto es algo mío». Me manejé dentro de lo que me habían pedido: que sea austero, lindo y cómodo. Esas fueron las principales reglas que tuvimos en cuenta.
Imagino que el taller ha estado muy concurrido por estos días. ¿Cómo lo vivieron los vecinos de barrio Las Palmas, sus clientes de toda la vida y la familia?
Todos estuvieron muy sorprendidos, saludándome, llamándome por teléfono y viniendo al taller los vecinos a felicitarme. Fue una experiencia muy linda porque mucha gente se acercó, me saludó y me mandó mensajes.
¿Cómo imagina el momento en el que el Papa tome asiento frente a los cordobeses en ese mueble que talló con tus manos?
Creo que la parte más importante para mí va a ser verlo sentado en eso que hemos hecho acá en el taller junto con mi hijo. Desde el minuto cero en que cortamos la primera madera hasta que él se siente, va a ser el momento más especial y un orgullo tremendo. Muchísima gente de Córdoba sabe dónde se hizo y quién soy; cuando él se siente, van a sentir el mismo orgullo que yo.
¿El oficio es heredado? ¿qué le diría a aquel adolescente que comenzó con este trabajo en la madera?
No es heredado; mi papá era constructor, hacía una cosa totalmente distinta, esto lo elegí yo. Si pudiera volver el tiempo atrás, le diría a ese pibe: «Pegale como le pegaste siempre, porque se te va a dar algo muy lindo». Jamás pensé que iba a ser elegido para hacer los sillones del Papa. Tuvo sus frutos el sacrificio, la constancia y el gusto por lo que hago. Nunca abandoné el oficio; hubo tiempos buenos y tiempos malos, pero siempre seguí adelante.
Estas piezas tienen como destino final quedar expuestas en un museo local. ¿Con qué recuerdo o sensación le gustaría quedarte cada vez que piense en este trabajo?
Me quedaría con el recuerdo del paso a paso en el taller y con el momento exacto en el que el Papa se siente. Sé que no se va a volver a sentar nunca más. Tengo entendido que después van a quedar en el Museo de la Industria, en barrio General Paz, y la gente va a tener la oportunidad de verlos de cerca. Después de que pase todo, se me había ocurrido pedirle al padre Juan si me deja imprimirle mi firma o un logo en la parte inferior para que quien lo vea sepa quién lo hizo.
¿Tiene previsto presenciar la misa en el predio de FAdeA?
Por el momento no lo tengo previsto ni en mis planes; no me han dicho nada ni me han llamado. Sé que va a haber una concurrencia enorme y que va a ser un trastorno de gente. Quizás más cerca de la fecha cambie de idea, pero por ahora no.
La labor de Luis Astorga encarna el encuentro entre la vocación paciente y los acontecimientos que marcan a una sociedad. Lejos de la solemnidad protocolar del Vaticano, los sillones papales nacieron en la sencillez de un taller barrial cordobés, construidos a base de paraíso, oficio y trabajo compartido entre padre e hijo. Cuando León XIV encabece las celebraciones en Córdoba, el soporte de su presencia pastoral llevará consigo la impronta de la mano de obra local: un testimonio de perseverancia que, una vez finalizada la visita, permanecerá como patrimonio tangible en la memoria colectiva y en los museos de la provincia.
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