En la cena de la ONG de Vidal: Macri aseguró que “no se avanzó nada” con el partido de Milei

Mauricio Macri afirmó que no se avanzó nada en un acuerdo electoral con Milei y criticó el debate presupuestario, calificándolo de “guerra” y “política de la mala”. Además, felicitó a Lula da Silva, marcando distancia con el oficialismo.

Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en la cena solidaria de la ONG Hacemos.

Durante el encuentro solidario de la fundación educativa que encabeza María Eugenia Vidal, Mauricio Macri frenó en seco los rumores sobre una confluencia con el oficialismo nacional, asegurando sin rodeos que hasta el momento las conversaciones con las tropas de Javier Milei no consiguieron mover ni un solo milímetro el amperímetro de cara a los próximos comicios generales. El fundador de la fuerza amarilla eligió un escenario distendido para enviar un mensaje directo tanto a la militancia propia como a los inquilinos de Balcarce 50, advirtiendo que los contactos periódicos que mantienen sus delegados de confianza en los despachos ministeriales todavía están a años luz de traducirse en una lista electoral compartida.

Las declaraciones del expresidente dejaron al descubierto el desencanto con el ritmo de esas charlas de pasillo. Según relató ante los micrófonos, su mano derecha Fernando de Andreis le confirmó un estancamiento total en las negociaciones, a pesar de compartir mesas quincenales en la sede de gobierno junto al jefe del bloque parlamentario Cristian Ritondo, enfrentándose cara a cara con emisarios clave del dispositivo libertario como los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem y el ministro coordinador Diego Santilli. Para Macri, sentarse a tomar un café cada quince días no equivale a construir un proyecto de poder conjunto, sobre todo cuando los estilos de gestión y las prioridades de fondo siguen corriendo por andariveles muy distantes.

“Es una guerra y política de la mala”: la dura queja de Macri por el Presupuesto

El momento de mayor impacto discursivo llegó cuando el líder del PRO subió al estrado principal para reflexionar sobre la coyuntura que paraliza al Congreso nacional. Con el debate de los números públicos como telón de fondo, Macri criticó con dureza que la discusión presupuestaria se haya convertido en un campo de batalla salvaje, reprochando que la dirigencia gaste sus energías en discutir nombres propios o pulseadas de caja en lugar de construir consensos básicos. Desde su mirada, la disputa entre superávit o déficit fiscal termina desdibujando la misión fundamental del Estado, que debería centrarse en cuidar a los sectores más postergados de la comunidad mediante acuerdos amplios y duraderos.

Con tono enérgico y visiblemente molesto con las rencillas cotidianas de la escena pública, el expresidente calificó de “política de la mala” las especulaciones sobre candidaturas anticipadas, manifestando una profunda bronca frente al espectáculo de peleas constantes mientras los jóvenes vulnerables quedan desamparados. Para Macri, la obsesión de la política tradicional por definir quién ocupará el sillón de Rivadavia el año entrante resulta completamente estéril si no existe una voluntad real de fijar prioridades comunes. En ese sentido, lanzó una advertencia dirigida a la cúpula del poder al afirmar que si quienes conducen el país no comprenden que la sociedad trasciende a una facción partidaria determinada, cualquier intento de recuperación terminará cayendo en saco roto.

Gestos diplomáticos cruzados y el silencio incómodo por Brasil

La postura del titular partidario también marcó una grieta evidente con la política exterior del actual Gobierno, aunque prefirió esquivar las preguntas sobre la controvertida salida del excandidato brasileño Flavio Bolsonaro con respaldo logístico de las autoridades locales. A contramano del silencio y la frialdad de la Casa Rosada, Macri saludó formalmente a Lula da Silva tras su triunfo en las urnas del país vecino, cosechando un agradecimiento público por parte del mandatario electo a través de los canales digitales. Esa actitud encajó a la perfección con la línea institucional que venía bajando su fuerza, donde vienen reclamando una cancillería profesional capaz de entablar puentes y dialogar de forma madura incluso con aquellos líderes regionales que defienden modelos ideológicos opuestos.

El desfile de figuras, los desplantes y las fotos que no pudieron ser

Más allá de los dardos verbales, la velada nocturna funcionó como un gran termómetro de las internas silenciosas que sacuden al espacio amarillo. Uno de los episodios más comentados por los cronistas presentes fue la fugaz caminata del mandatario porteño Jorge Macri, quien abandonó el salón a las apuradas para no cruzarse con su primo, dejando a la vista el frío congelante que caracteriza la relación familiar en estos tiempos. Una maniobra similar protagonizó el propio De Andreis, quien tras conversar un rato en los pasillos iniciales decidió retirarse temprano sin esperar la aparición de su jefe político en el salón.

El recinto contó además con la presencia de dirigentes de primera línea como los ministros comunales Gabriel Sánchez Zinny y Gabriel Mraida, acompañados por las diputadas Silvia Lospennato y Rocío Figueroa, y el legislador Waldo Wolff. Entre los asistentes llamó la atención la figura de Emmanuel Ferrario, un cuadro estrechamente ligado al larretismo que decidió sumarse al cóctel. Sin embargo, la postal más esperada de la noche quedó trunca por la ausencia de Hernán Lacunza, el exministro económico y aspirante presidencial apoyado por Vidal, quien llegó con el salón casi desierto luego de finalizar otro compromiso de agenda, perdiendo la oportunidad dorada de conseguir una bendición fotográfica al lado del exmandatario.

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