El Grand Slam de Nueva York, famoso por su energía y ambiente, vuelve a ser epicentro de un debate por las quejas de sus protagonistas.
El Grand Slam de Nueva York, famoso por su energía y ambiente, vuelve a ser epicentro de un debate por las quejas de sus protagonistas.

El US OPEN 2025 enfrenta una situación recurrente y polémica: el persistente olor a marihuana que inunda el complejo de Flushing Meadows, sede del torneo. Desde la legalización del uso recreativo del cannabis en Nueva York en 2021, el característico aroma se ha vuelto un elemento habitual, presente desde las áreas de entrenamiento hasta las canchas principales, generando malestar entre algunos los jugadores.
Novak Djokovic, múltiple campeón del torneo y uno de los referentes del tenis mundial, expresó en rueda de prensa su disgusto por esta realidad. “Se siente olor a marihuana en todas partes, más que en otros lugares. Personalmente no me agrada ese olor, ni siquiera ese hedor, pero aquí es legal y de algún modo hay que aceptarlo”, explicó el serbio, señalando la dificultad de evitar esta experiencia durante la competencia.

Casper Ruud, finalista en ediciones anteriores, también alzó su voz y calificó como “molesto” tener que jugar mientras alguien fuma a pocos metros. “No podemos hacer nada si no cambia la ley, y dudo que eso ocurra”, añadió el noruego, haciendo referencia a las normativas que permiten el consumo legal de cannabis para mayores de 21 años en Nueva York.
Estas quejas no son nuevas. Desde 2022, jugadores como Alexander Zverev y Nick Kyrgios han señalado que la proximidad del torneo al parque Flushing Meadows-Corona, un lugar donde el consumo de marihuana es frecuente, contribuye a que el aroma se propague hacia las canchas. En tono irónico, Zverev comentó en una ocasión que una pista parecía “el cuarto de Snoop Dogg”, haciendo alusión al conocido rapero aficionado al cannabis.
La organización del torneo, la United States Tennis Association (USTA), ha manifestado que reforzará la vigilancia para impedir el consumo dentro del predio, aunque reconocen que debido a la legislación vigente en Nueva York, erradicar completamente el olor es una tarea compleja.
El olor a marihuana en el US Open abre un desafío para los organizadores y jugadores respecto a cómo equilibrar la realidad legal y cultural local con la exigencia de concentrarse en una competencia de élite. Más allá de las quejas, este tema invita a reflexionar sobre las transformaciones sociales que afrontan los grandes eventos deportivos en un contexto de cambios legales y culturales profundos.
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